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RETRATOS HABLADOS

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* Un mes: el que se va, el que se queda

Justo en un mes, Omar Fayad Meneses rendirá protesta como Gobernador Constitucional del Estado de Hidalgo. Justo en un mes, Francisco Olvera Ruiz dejará de serlo.
    Los plazos se cumplen. Y uno, el que se va, quedará a merced del juicio histórico, pero también de no pocos que en la cúspide de su poder le juraron amor y lealtad eterna, para convertirse, apenas investido el nuevo gobernante, en sus más acérrimos críticos, con el único objetivo de congraciarse con el nuevo inquilino del Cuarto Piso de Palacio de Gobierno.
    Pocas ocasiones tan propicias para observar los aspectos más deleznables del ser humano, autoconvertido en juez y verdugo de quien durante muchos años presumieron como su más cercano amigo, hermano, mentor, maestro.
    Serán los primeros en dar la puñalada por la espalda al que, de la noche a la mañana, deja de ser el punto de encuentro de todas y cada una de las actividades en el estado de Hidalgo. Y procederán de ese modo porque un buen número creció en la política de la simulación, la que no duda en pisotear principios con tal de conseguir beneficios muy particulares.
    El todavía Jefe del Ejecutivo estatal, tendrá que pasar por el trago amargo de verse negado no tres, sino decenas, centenas de veces por los que no dudaban en dar la vida por su saludo, su deferencia.
    Por supuesto quedarán los que antes, durante y después, manifestaron su amistad cierta, desinteresada. Y sin duda serán los que guíen los pasos del que a ciencia cierta deberá aprender a caminar sin el aparato de ayudantía que le siguió durante tantos años.
    El poder, qué bueno, no es eterno, porque parte de su encanto es saber que habrá de acabarse pasado un período pactado, luego del cual se regresa al estado mortal de la vida.
    No es tarea fácil. Por el contrario muy complicada. Pero a una inmensa mayoría de gobernantes les ha pasado tarde o temprano.
    Y el otro, el que llega, será copado por un enjambre de personajes dispuestos a la muerte con tal probar su lealtad. Jurarán que bajo ninguna circunstancia negarán su nombre, y que prestos estarán a ir al tormento si es necesario, pero nunca, jamás de los jamases, se desdecirán de su amistad.
    Son también los que habrán de corretear al nuevo gobernante por todos lados, con una burbuja inflable donde intentarán meterlo a toda costa, “para que no se moje si llueve, para que no se manche el calzado si hay lodo, para que el sol no lo queme, para que no oiga el mundanal ruido de la calle, para que en ese silencio absoluto pueda concentrarse, para que no sea presa de esos que todo critican y nada solucionan…”
    En no pocas ocasiones este enjambre logra hacer real su estrategia de la burbuja, y el poderoso se olvida de sus tareas, para acostumbrarse al elogio, al “perfecto señor gobernador, qué sabiduría señor gobernador, qué inteligencia, qué tino señor gobernador, qué buen humor señor gobernador, qué sapiencia señor gobernador, qué lujo hasta para equivocarse señor gobernador, qué…”
    Pero también el gobernante suele escapar de la burbuja, a golpes de realidades, y el sentido común de alguno de sus colaboradores-amigos-los-de-a-deveras, que deciden pinchar el plástico de ese mundo irreal.
    En un mes justo.
    Cuando para los dos será EL PRIMER DÍA: el que se va de su nueva vida sin poder. El que se queda, de la transfiguración de mortal, a ya no mortal.

Mil gracias, hasta el próximo lunes.

jeparalta@plazajuarez.mx/historico/historico
twitter: @JavierEPeralta

CITA:
    Son también los que habrán de corretear al nuevo gobernante por todos lados, con una burbuja inflable donde intentarán meterlo a toda costa, “para que no se moje si llueve, para que no se manche el calzado si hay lodo, para que el sol no lo queme, para que no oiga el mundanal ruido de la calle, para que en ese silencio absoluto pueda concentrarse, para que no sea presa de esos que todo critican y nada solucionan…”