CALLEJÓN DE SOMBREREROS
Como la naturaleza, el circo, las artes mágicas, el sueño también están habitados por animales. Un cuervo puede ser un augurio, una constelación celeste, un poema de Edgar Allan Poe y un animal al que, según el Diccionario de Autoridades, se le atribuye “la propiedad de imitar la voz humana y de otras aves y animales y hasta los instrumentos”.
En la serpiente se cifra un símbolo ambiguo; entre los antiguos egipcios formaba parte del peinado de Isis, del círculo que simboliza al Ser Supremo y del cetro de Osiris. Representaba generalmente la tierra y el agua y, según su actitud, la eternidad o los astros. Los griegos y los romanos la identificaban con el sol. En el Génesis, se sabe, se le reconoce como una de las formas que ha adoptado el Enemigo. Un conejo puede ser una aparición inquietante y puede conducir a un universo desconcertante.
La reiterada historia de “Alicia en el País de las Maravillas” de Lewis Carroll (no lo ignoran tampoco muchos que no la han leído) está contenida en un laberinto animal al que una niña accede guiada azarosamente por un conejo blanco que acaso buscaba su madriguera y que importa asimismo una manifestación de ese laberinto hecho de una fauna que parece inusual y desaforada que adquiere formas y comportamientos inverosímiles para las representaciones y creencias que conforman las ciencias naturales, y en el que una gata supuestamente común, que habita en realidad en casa de las hermanas Liddell, en Oxford, que juguetea y caza ratones y pájaros, parece una invención extraña.
Cuando se acerca a una casa como de cuatro pies de altura en un claro, donde encontrará a la Duquesa, Alicia vio a dos lacayos de librea, uno de los cuales se parecía a un pez y el otro a un sapo. De la misma manera en la que algunas personas se asemejan a ciertos animales, hay animales que pueden comportarse como ciertas personas.
En el “País de las Maravillas”, cada animal tiene su historia, que a veces, como la del conejo, son fugitivas y a veces, como la del Ratón, está contenida en su cola como en los caligramas que después prodigarían Apollinaire y José Juan Tablada. Otras proceden de hechos comunes que se convierten en asombrosos, como la del sugerente gato de Cheshire o la de la Tortuga Artificial. Algunos de los editores y traductores de Carroll, como Martin Gardner o Jaime de Ojeda, sostienen que el gato proviene de una expresión en desuso: “Sonríe como un gato de Cheshire”, la cual alude a la figura con la que eran moldeados los quesos en ese lugar. Afirman asimismo que la de la Tortuga Artificial se origina en el comercio; entre los productos alimenticios sintéticos y deshidratados que empezaban a fabricarse en tiempos de Carroll, uno de los más famosos se llamaba Sopa de Tortuga Artificial, que se vendía en tarros de cristal. Se trataba de un jarabe espeso hecho a base de caldos de vaca al que se le añadía un poco de agua, por eso Carroll la describe como una tortuga con cabeza y patas de vaca.
Aunque dice que no sabe contar cuentos, Alicia, a la que una paloma confunde con una víbora, también tiene su historia, la cual le referirá al Grifo y a la Tortuga Artificial luego de haber pensado, cuando apenas comenzaban sus derroteros, “me pregunto ¿qué puede haberme sucedido? Cuando leía cuentos de hadas nunca imaginé que tales cosas pudieran ocurrir de veras, y he aquí que me encuentro en una aventura de esas. Creo que debería escribirse un libro sobre mí. ¡Y si debería escribirse! Lo escribiré yo misma”.
Como ella, que crece y se reduce atendiendo los consejos de una oruga, la historia de Alicia
no ha dejado de transformarse. Se sabe que surgió el 4 de julio de 1862 durante una excursión por el Támesis de las hermanas Lorina, Alicia y Edith Liddell con los reverendos Robinson Duckworth y Charles Lutwidge Dodgson, el cual la escribió y la ilustró en un cuaderno al que tituló “Las Aventuras de Alicia bajo Tierra”, en el que no aparece el gato de Cheshire, que luego reescribió y publicó con el nombre de Alicia en el País de las Maravillas, que no ha dejado de convertirse en claves literarias, en filmes, en caricaturas… Como le dijo la Duquesa a Alicia: “Cuídate del sentido, que las rimas se cuidarán de sí mismas”.