
RETRATOS HABLADOS
Como una sana y no tan sana diversión, los encuentros casi pugilísticos entre Senadores y Senadoras de la República, divierte, además que en poco habrá de variar la opinión que muchas personas tienen de los políticos, desde el que tiene el cargo más alto, hasta el del regidor. La forma como el ciudadano en lo individual, y el pueblo en lo general, han conceptualizado el ejercicio de la política, siempre cae en el lugar común del “alguien debe encargarse de hacer el trabajo sucio, el que nadie quiere hacer, con todo y que roban y roban, pero es una tarea a la que todos le huyen”.
Decidimos, un día cualquiera, que resultaba más sano para el alma y el corazón, dejar que en el fango donde regularmente se revuelcan los que tienen el poder, solo estuvieran ellos y especímenes semejantes. Sí, no hay duda de que se convierten en millonarios; sí, no hay duda de que los que hoy los quieren quemar en leña verde, y juran por su madre que de ningún modo son como ellos, acabarán igual; sí, somos los responsables de creer viejos cuentos con una narrativa diferente, pero con un final que jamás habrá de cambiar; sí, somos culpables de todo, pero también de entender, a carta cabal, que se trata de una especie de seres humanos distintos, los que deciden entrarle a esas lides, porque saben a lo que sea arriesgan, incluso a perder toda noción de ser mortales.
Sin embargo, cuando somos testigos de “Los horrorosos debates de las horrorosas senadoras” en la Cámara Alta, es decir de nivel, como que de pronto todos nos decimos: “Pues qué me dura apuntarme y mentarme la madre con quien se ponga enfrente”, argumentar desmemoria o amnesia luego de recibir fajos de billetes, y decirle a la colega de curul que es una piruja.
Vaya pues, con ese nivel, de pronto todos descubren que, después de todo, no había tanto arte en eso de la política, ni necesidad de estudiar, ni de prepararse, que con subir a tribuna y luego de mentar madres, advertir: “¡Y no les tengo miedo cabrones!”, todo queda hecho.
Pero, a cambio de que una inmensa mayoría de representantes populares, son efectivamente la base ruda, la que bien puede trompearse con quien le digan, también hay los que al final de cuentas le dan razón de ser a ambas Cámaras, porque son los que sí estudiaron, los que sí se prepararon, los que efectivamente trabajan intensamente en hacer, estudiar y en su caso, aprobar las leyes. Incluso los y las mismas mienta madres, pueden ser dirigidos en su contra, si empiezan a dar síntomas que ya son libres pensadores.
Toda una estructura que no se cae, ni se caerá, hasta el fin de los tiempos.
Igualitos que los de antes, igualitos a los que vendrán, igualitos a los que el ciudadano en lo individual escupirá y les dirá que nunca les ha creído, ni les creerá, pero que, ya convertido en pueblo bueno y generoso, aplaudirá hasta el éxtasis.
Una historia, un espectáculo de muchas pistas, que vemos una vez, otra vez y siempre nos dará risa al principio, luego rabia, luego desazón, luego absoluta tristeza, y al final el consuelo de qué sucede aquí y en cualquier parte del mundo.
Ellos, ellas, los del poder, son una especie de seres humanos aparte, y los humanos debemos tener nuestras dudas.
Mil gracias, hasta el próximo lunes.
jeperalta@plazajuarez.mx/historico/historico
@JavierEPeralta