“EL TEJÓN”
En una vecindad del barrio del Arbolito, se desarrollaba una escena de tristeza, de dolor de angustia. se despedía de este mundo, agonizaba por una enfermedad de los pulmones, llamada silicosis, por el polvo y gases de la mina, los millones de partículas de piedras que andan formando nubes de polvo, al ser respiradas, forman una casca, alrededor de los pulmones, y ya teniendola no tiene cura.
Su vieja doña Paz, entraba y salía del cuarto muy llorosa, sus lágrimas opacaban su vista por los zapatos que le quedaban grandes cada rato se tropezaba. Su mamá de Chencho “El Tejón”, doña Mariquita, estaba sentada en la orilla de la cama limpiándole las flemas, porque a cada rato se quería ahogar, lloraba en silencio al mimo tiempo que rezaba una oración. Ella tenía experiencia, con sus abuelos, su padre, y su viejo, que murieron en la misma forma. Porque también fueron mineros. El tejón hablo.
– ¡Vieja! Ya me esta llevando la calaca, ya no veo. ¿Dónde están mis hijos? Tráemelos para que me despida de ellos, y luego no digan que fui un viejo hojaldra.
– ¡Aquí viejo! Estamos todos, los de tu familia, también acaba de llegar mi compadrito “El Perro” voy a pasar uno por uno para que se despidan y no lo hagan doble. mientras voy a la iglesia a llamar al padrecito.
– ¡No vayas! Vieja mejor estate a qui por lo que se ofrzca, ir por ellos es perder tu tiempo, solo vienen si tienes carro. ¡Jefecita! ¿Dónde estas?
– ¡Aquí estoy hijo! No me moveré de aqui hasta que Dios te llame, y me gustaría que mi nuera vaya a la iglesia a traer un curas para que te confiese, y llegues derechito al cielo, y andes con los angelitos jugando como el señor Patiño.
– ¡Tengo mucha sed! Los labios los tengo como camello en el desierto.
– Esperame tantito, ¿Dónde andara mi nuera?
– Esta con mi madrina aguelita, ella es la que les anda dando la noticia a todos los vecinos, como va la enfermedad de mi jefe.
La señora molesta salió a la puerta y le grito.
– ¡Paz! Tráele un jarro de agua, a tu marido.
– ¿Agua? ¿Qué paso jefa? Si no soy rana, no la amuele, me puede hacer daño, que me sirvan un jarro de dos litros de pulque.
Doña Mariquita, como sabe que hay que darle al moribundo lo que pida, le hizo señas con la cabeza a su nuera, y corrió a la cantina. Le pregunto al cantinero.
– ¿Todavía no le llega el pulque?
– Ujule, ya hasta se va acabar, como sigue mi amigo “El Tejon”
– La verdad, yo creo que esta colgando los tenis, lo veo muy mal, vengo a comprarle pulque que me pidió.
– A que mi amigo Chencho. No se olvido de tomar pulque, y hay que cumplirle su ultima voluntad, a ve deme su garrafón se lo voy a llenar del que todavía no le echo agua ni le pongo la muñeca, no vaya hacer que me venga a jalar de las patas. Lleveselo antes de que no lo alcance y si quiere mas viene o manda por el, dígale que espero que se mejore, porque es uno de mis mejores clientes.
La señora llego a su casa y le sirvió en su jarro.
– Ten viejo te lo mando don Julian dice que es pulque del que toma el patrón.
Temblando lo agarro con las dos manos y se empino dos litros de un jalón.
– ¡Ah que sabroso! Me cay que se lucio el cantinero. Quiero llegar medio pedo a donde me toque ir, sírvanme otro, donde quiera son tres y la caminera.
Las señoras, sus hijos, sus compadres, y los vecinos, lo miraban muy tristes, como poco a poquito se tomaba el tercer jarro de pulque, eso demostraba que estaba a un paso de irse al otro mundo, si estuviera bien, esos tres jarros de pulque se los hubiera chingado al hilo. Les dijo.
– ¡No deben de llorar! Deben de estar alegres, cuando nace un niño se llora, cuando muere un viejo hay que alegrarse. Jefa, vieja, hijos, compadres, me voy, no porque yo quiera, si no que me llevan, les pido que hagan una fiesta, como cuando la hacíamos antes. Invitan a todo el barrio, jefa usted se encarga de hacer un molito de guajolote, que le sale a toda madre, tu vieja del arroz y los frijoles, de lo demás hacen una coperacha, para que todos estén contentos, Si puedo escapame de donde llegue, aquí m van a tener.
La señora Paz, soltó el llanto y echo un grito. A todos espanto que por poco se cae de la cama el moribundo.
– ¡Ya te dije que no chilles! Vieja, hasta me espantaste, quiero que me entierres con música, llévame un pinché mariachi, aunque sea balín, pero que me canten las canciones que tanto me gustaban. Te voy a dar una lista de cuales quiero, de esas pinches canciones que llegan hasta el alma, como ando volando bajo, paloma querida, la que canta Vicente Fernadez, “Grave en la penca de un maguey tu nombre juntito al mio entrelazados”
– ¡Si viejo lo que quieras pero no te mueras!
– Telo dijo porque luego eres muy perndeja y me canten llego borracho el borracho, o Rata de dos patas. Ya me voy me despido de todos los que quiero, la calaca la tengo a mi lado, ya viene por mi.
– No mames viejo es tu mamá.
Soltó el cuerpo, todos comprendieron que el Tejón, había valido madre, su mamá le cerro los ojos, doña Paz, se desmayo dando un mulazo, que levanto el polvo. Su comadre Leonila, buscaba cebolla, para darse a oler, le echo bastante alcohol en la nuca que la dejo como pájaro loco, con los pelos parados, pero no volvió en si, su mujer chillasba a todo pulmón como la llorona.
– Dios mio no te lo lleves, déjamelo otros días, era muy cabron pero de tantos años juntos, lo legue a querer mas que a mi perro.
– ¡Cálmese comadrita! Mi compadrito, se fue contento hasta nos sonrió.
– ¡No sabe cuanto me preocupa que se haya ido, al cielo no va a entrar ni a chingados, allá en los infiernos los diablos, lo van a madrear porque cuando andaba borracho les mentaba la madre!
Chillando y cumpliendo con sus obligaciones la señora paz, y su compadre, fueron arreglar los funerales, que por poco se mueren ellas porque estaban muy caros los cajones. Mariquita y doña Leonila, se pusieron hacer el mole, sus hijos arreglar la casa donde se iba a velar. Querian cumplir la voluntad del muerto, aunque echaran la casa por la ventana.
Pasaron las horas el cuadro era muy triste, cuatro cirios encendidos y en medio un ataúd. Comenzaron a llegar los vecinos, que les daban el pésame a los dolientes.
– ¡Lo siento mucho señora, Chencho el Tejón era un gran cuate!
– ¡Como lo siento señora! Yo lo quería como un hermano.
– ¡Pasen y tómense lo que quieran, hay tenemos pulque cervezas, botellas de todas marcas, fue la voluntad de mi hijo, que chuparan hasta donde pudieran!
La noticia corrió de boca en boca, que todo era gratis y en dos por tres se lleno la casa, las señoras, a pesar de su pena, no se daban abasto en atender a tanto gorrón, no faltaban los borrachos que lloraban recargados en la caja.
– ¡Hermano! Te nos adelantaste en el camino, cuanto te estime eras tan bueno, que al rendirle cuentas a San Pedro te va a pasar con un 10 al cielo.
– ¡Hermano, eras a toda madre, nunca te podré olvidar, tu nombre y tu apodo, me lo mandare a tatuar, cerca del corazón.
El baile comenzó y todos a mover el bote, cuando bailaron con estilo doña Mariquita les fue a decir.
– ¡Por favor no bailen de a jalón, porque vayan a tirar la caja de mi hijo! Les voy a decir que pongan danzones para que bailen pegaditos.
– ¡No se preocupe señora lo tenemos bien calculado! Y eso de los danzones vamos a dejárselo a los viejitos.
Mucha gente se amaneció y se quedaron al almuerzo, eran las costumbres de la familia del Tejon, que venían de un pueblo de la Sierra de Huejutla Hidalgo. Le dijo doña Paz a su suegra,
– ¡Ahorita vengo Mariquita, voy por los mariachis!
– ¡Todavía es temprano el entierro era a las tres, pero la gente voto que mejor lo lleváramos a la cinco de la tarde!
Todos se salieron a comer al patio, en la cocina, y dejaron solo al difunto, los huesos de guajolote ocasionaron una pelea de perros en la vecindad, que tumbaron las velas y cayeron en la caja, se comenzó a quemar, uno de los muchachos dio la alarma.
– ¡Doña Paz, se esta quemando el muerto!
Con cubeta en mano, los presentes lo apagaron más rápido que los bomberos, y regresaron a terminar de comer, don Goyo que era pintor se presto para que le diera una mano a la caja, que había quedado tiznada, y llego la hora de la despedida irlo a dejar al panteón. Doña Paz le dijo a su suegra.
– ¡Me gustaría que lo tuviéramos un día más en la casa!
– ¡Yo pensé lo mismo pero no lo permitieron en la presidencia, así es que vamos a llevarlo!
Como pudieron se acomodaron en los camiones, todos los invitados al sepelio, se peleaban por cargar al muerto que lo tumbaron. Se escucho la música de los mariachis, que cantaban, el hijo desobediente, llego borracho el borracho, Juan charrasqueado, y Rata de dos patas.
Su mamá fue a callar a los músicos y le dijo a su nuera.
– Esa no es la música que te encargo mi hijo.
– Ya lo se suegra, pero eso es de mi cosecha, porque me acorde de las madrizas que me daba cada que llegaba borracho, el quería su gusto pues ahora quiero el mio.
Lo bajaron a la fosa, lo taparon y hasta ahí quedo el famoso Tejón, que a la fecha lo recordamos con cariño.
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