
Pido la palabra
Marginación, miseria, desigualdad, incertidumbre; sin duda alguna todos ellos son factores que mandan al traste a las buenas intenciones que puedan tenerse en el ejercicio de una función pública; pero el problema no es descubrir el hilo negro y darnos cuenta que la desatención a la población más necesitada es la que, a la postre, determina las victorias o las derrotas partidistas, eso es un hecho y todos lo sabemos, tan es así que el tema de la pobreza es obligada bandera de campaña de cualquier candidato que aspire a un cargo de elección popular.
De esta manera venden su producto (o sea, a ellos mismos) ofreciendo combatir la delincuencia sin descanso alguno, prometen generar más empleos y siempre presentan ante la sociedad, un ambicioso plan de gobierno que en caso de ganar las elecciones le darán crecimiento sostenido y desarrollo sin precedentes a la población citando que el presupuesto no será un obstáculo.
Quizá de buena fe, o tal vez producto de un desconocimiento total del papel que les tocará jugar en caso de ganar las elecciones, les venden a los ciudadanos expectativas bastante altas y que en la mayoría de las veces no logran alcanzar, produciendo con esto, molestia en la población por la constante burla de la confianza depositada en el candidato que prometió sacarlos de su pobreza a través del impulso del plan de gobierno prometido
De esta manera, el sueño se convierte en pesadilla, no así para el candidato ganador, que ya en funciones paulatinamente va perdiendo piso y siente que su gestión pasará a la historia por su excelente actuación y por su buen tino en la elección de su gabinete, cuando esto último, la mayoría de las veces, es conformación derivada de los compromisos con los grupos políticos que apoyaron su campaña.
Esto que enuncio sucede en un buen número de los candidatos que, muchos de ellos, ni siquiera soñaban que algún día tendrían la enorme responsabilidad de representar a un Estado, un Municipio, un País; y por ello, al caerles la nominación por obra y gracia de un dedo, se pierden en la soberbia de sentirse superdotados políticamente, y prometen hasta las perlas de la virgen con tal de ganar los votos deseados.
Sin embargo, la burra empieza a torcer el rabo cuando se dan cuenta que ni son los chicos súper poderosos que se creían y que su gabinetazo en lugar de ser gallo le resultó gallina, ya que si el máximo representante, estructuralmente hablando, no es un auténtico líder, corre el riesgo de que la desbandada empiece temprano y sus subalternos empiecen a hacer futurismo desde el momento mismo en que tomaron posesión de su encargo administrativo, desde luego, descuidando peligrosamente el fondo y la forma de sus funciones.
Esta actitud de inconsistencia, soberbia y centralismo, es lo que ha llevado a los Partidos Políticos a su gradual e inexorable caída en las preferencias electorales; incluso, muchos de los representantes populares nunca terminan de bajarse de su nube de candidato y pasan de noche por su Municipio, Distrito o Estado, al no darse cuenta de las verdaderas necesidades de sus representados.
Mucho menos les pasa por la mente que sus errores son el sagrado alimento para la oposición que siempre se encuentra al acecho, solo esperando la oportunidad para atacar; Los Partidos Políticos tienen a su principal enemigo a ellos mismos, al no ponerse a la altura de las circunstancias que el País necesita.
A los representantes populares tenemos que bajarlos de su nube, pues la caída en las preferencias de cualquier representante vía elección popular, solo refleja el grado de desconfianza del pueblo; y a los que ganen una elección, se les recomienda no perder el piso, pues temprano se darán cuenta que lo elevado de su soberbia hace que el azotón duela más.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.