- Kim Jong-Un inaugura congreso con un discurso en el que alardeó del poderío atómico norcoreano
Por costumbre y por necesidad, para aprovechar mejor las horas de luz solar, Corea del Norte es un país que se levanta pronto y se acuesta temprano. Y sin embargo, a tenor de lo que afirman sus ciudadanos, la gran mayoría trasnochó el viernes para escuchar el discurso con el que su líder supremo, Kim Jong-Un, defendió el programa nacional de armamento nuclear y dio por inaugurado el congreso del Partido de los Trabajadores, del que se espera marque las guías económicas y políticas norcoreanas para los próximos años.
“Este discurso seguro que ha atemorizado a nuestros enemigos. Bajo el mando de Kim Jong-un, Corea (del Norte) se está haciendo cada vez más fuerte”, afirma un joven profesor. Según él, el programa nuclear que defendió el heredero de la dinastía Kim es imprescindible para garantizar la supervivencia del país: “sin ellas, el imperialismo se acabaría imponiendo”.
En su discurso, que la televisión estatal retransmitió el líder supremo elogió un programa nuclear que ha conseguido, según afirmó, “éxitos no logrados nunca”. La prueba nuclear de enero, la última por el momento, “demostró claramente al mundo entero nuestro infinito poder y nuestro espíritu indomable” pese a “la presión maligna y las sanciones impuestas por las fuerzas enemigas”.
La comparecencia de Kim en el salón del Palacio de la Cultura 25 de Abril, en el centro de Pyongyang, ante más de 3.000 delegados, causó honda impresión entre los ciudadanos. No solo por lo que decía, sino por el cómo. “Se parecía muchísimo a su abuelo”, afirma Jong Pong-Do, maestra de 70 años y residente en el flamante barrio Mirae, recién construido para albergar a científicos, profesores y otros miembros de la elite intelectual del régimen.