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#Shakespea-relives ¿y Cervantes?

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Tecnocultura    
No hubo, ni en España ni en América, la intención de desarrollar un proyecto digno de Cervantes basado en las nuevas tecnologías.

La importancia del Quijote, no sólo para la literatura en español sino para la universal, está fuera de toda duda, en la academia lo sabrán explicar muy bien. Pero la grandiosidad de la obra de Cervantes y del autor mismo siguen siendo ajenos a la gente; ¿Cuántos de los asistentes al Cervantino (más popular, imposible) podrán citar algo más que: “En algún lugar de la marcha de cuyo nombre no quiero acordarme”? Cervantes sigue siendo inaccesible, un orgullo de los hispanohablantes que ignoramos cuáles son exactamente los motivos de dicho orgullo. Ya descafeinaron una versión del Quijote, aprobada por la RAE, en la que se han quitado “obstáculos” para su comprensión; esta versión “popular y escolar” y otras que han rondado por ahí desde siempre, parecen abogar por la pereza mental y mandan un mensaje que perpetua esa inaccesibilidad de la obra original.
Si en vida, el manco de Lepanto tuvo que lidiar en cuanto a popularidad con el otro genio que fue Lope de Vega, 400 años después tiene que hacerlo con otro contemporáneo, William Shakespeare que, aunque también disminuido en su tiempo, tiene sí un carácter de universal. Entre los hablantes de lengua inglesa, Shakespeare se conoce, entiende y cita sin importar el estrato social o el nivel académico. Las celebraciones por el aniversario luctuoso de ambos autores (hasta esa exclusividad le quitaron a Cervantes) han sido evidentemente distintas. Mientras el ayuntamiento de Madrid inauguraba una exposición de naipes con citas del Quijote, en Londres la Ópera de Gales interpretaba Macbeth; mientras en ese mismo ayuntamiento español organizaban un juego de la Oca cervantino, en Stratford-upon-Avon llevaban casi un año celebrando a su hijo en prácticamente cualquier actividad pública. Ministerios y secretarías de habla hispana no tuvieron mucho que decir, y prácticamente mientras algo dijera “Cervantes” o “Quijote” pasaba la prueba, por aquí un taller para dibujar Quijotes, por allá exposiciones de fotos de edificios con nombres cervantinos.
La presencia de Cervantes en los mundos virtuales también es prácticamente nula, más allá de la iniciativa en Twitter para publicar en dicha red social todo el Quijote, no hay mucho más digno de mención; alguna aplicación con las rutas del Quijote, otra de citas, muchas con la obra completa en versiones dudosas. No hubo, ni en España ni en América, la intención de desarrollar un proyecto digno de Cervantes basado en las nuevas tecnologías. Para el “Bardo de Avon” no dejaron de aparecer proyectos interesantes prácticamente desde que inició el año, desde aplicaciones con estudios minuciosos de sus obras, representaciones teatrales transmitidas en vivo o curiosidades como su propio emoji o el teclado que transcribe del inglés moderno a aquél del siglo XVI. No sabemos cómo traer a Cervantes a este siglo, están los fondos, pero no encontramos las formas, o lo sacralizamos en la academia o lo banalizamos en los ayuntamientos, pero nunca encontramos la forma de llevarlo a la gente en todo su esplendor, ni en el escenario, el papel o los bits.
@Lacevos