Home Nuestra Palabra Carlos Barra Moulaín De la percepción a la anticorrupción

De la percepción a la anticorrupción

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HOMO POLITICUS

El nombramiento de Virgilio Andrade como titular de la Secretaría de la Función Pública, causó gran polémica porque en el acto de toma posesión, el Presidente Peña Nieto lo instruyó públicamente para que investigara sus bienes, los de su esposa y los del Secretario de Hacienda Luis Videgaray; la medida en vez de ser tomada por propios y extraños como un acto de probidad del Presidente de la República fue repudiada e incluso tildada de un acto de nepotismo, porque nadie puede ser juez y parte en nada.

 

 

Como bola de nieve que se precipita y crece, el caso del Presidente Peña fue rodando hasta que se anunciaron medidas “aparentemente de fondo”, una Ley anticorrupción y una serie de medidas y organismos que atacarán el problema, todas medidas que la ciudadanía esperaba pero como dijo el ciego “hasta no ver no cree”, ello, porque en el laberinto de las leyes secundarias en cuestión y en la misma conducta oscura de la clase política el horizonte parece lejano, muy lejano.

 

Lo cierto es que la corrupción en México le cuesta al país anualmente alrededor del 2% del PIB, cuestión que apunta claramente y sin miramientos a que es uno de los países que experimenta la mayor gravedad en el orbe, a decir de la OCDE de 175 países miembros, México ocupa el lugar 103, y hay quien dice que esto lo logró gracias a sobornos.

 

Así las cosas, la vida transcurre y ese México de la esperanza, de los sueños rotos de agiganta mientras su población palidece ante la miseria y la desigualdad social, mientras la vida se torna amarga y gris para la mayoría y mientras una minoría vive en el país de jauja.

 

Pero no todo es oscuro,-al menos en declaraciones-, el IFAI ha señalado que “México se ha convertido en un referente en la lucha anticorrupción”, declaración que debe interpretarse en su justa dimensión y en dos vías:

 

1º. Es verdad, México está librando una batalla donde ha emprendido una serie de reformas legales para combatir la corrupción y tratar de por lo menos contener este fenómeno.

 

2º. Esto no es alentador, porque un país que no tiene corrupción o sus niveles son controlados y controlables, ¿por qué y para qué, tendría que dar una batalla contra la corrupción?

 

Caperucita se comió al lobo, mientas el lobito gritaba implorando: “pedrito, pedrito, sálvame de esta cabrona”.