Home General La Pasión y Muerte de Cristo se revivió, una vez más, en el barrio de Las Lajas

La Pasión y Muerte de Cristo se revivió, una vez más, en el barrio de Las Lajas

0

 

Poco apoco fueron llegando para ser parte de la representación de la Pasión y Muerte de Jesucristo, justo cuando el Padre llega, da inicio el ritual con una breve oración dirigida a los que alrededor de los actores esperan ver el sufrimiento de sus vecinos, amigos o familiares.

 

¿Por qué le pegan, mamá? Preguntan varios pequeños a sus padres que ni saben cómo explicar que el acontecimiento que presencian lleva a uno de los momentos más trágicos en la historia de la iglesia católica, algunos dirán, no pesa la cruz, no duelen los golpes, se portó mal, o es que así murió Jesús, mientras los pequeños no alcanzan a comprender el porqué de lo que están viendo sus ojos.

Entre el público se pueden ver adultos mayores que con agilidad van al pie de los actores, a jóvenes que cargan ya desde temprano con la cerveza; uno de ellos hace también su penitencia llevando en las manos dos six pack, a los familiares de los participantes, que no se despegan ni un momento de ellos y a otros curiosos que hacen cuestionar si el evento es de entretenimiento o de verdadera devoción.

Después de juzgar a Jesús y condenarlo a muerte, comienza su larga travesía cargando una cruz de más de dos metros hasta la punta de aquel cerro, junto al asta bandera y siguiendo el guion, suplicará por nuestras vidas con sus palabras, pero con el pensamiento pedirá que se acabe esto lo más pronto posible.

El trayecto es lo más difícil, se puede ver a los soldados que interpretan tan bien sus papeles, golpear a los tres prisioneros que cargan su cruz cuantas veces les es posible, sin descanso y sin piedad, desquitan todas las presiones que traen acumuladas con cada golpe que azotan a sus compañeros.

Un afligido ladrón, ha derramado unas lágrimas a menos de la mitad del camino, su espalda ya está totalmente enrojecida y comienzan a afectarle seriamente los golpes, que no importándole al soldado que lo acompaña, le azota una y otra vez, grita y sufre de dolor pero sabe que lo vale y reprime su coraje para avanzar poco a poco por el empedrado camino.