Ira reprimida… depresión adquirida
Nos va llenando de resentimiento, nos va llevando a estados de frustración sostenidos, no alcanzas a comprender por qué todo lo que levantaste en años, se pierde en meses, quizás en días; te acongoja la indolencia, la displicencia de los que te rodean, el “se me olvidó” lo equiparas a un “me importa muy poco y por eso no me acordé”; nos vamos cargando de energía negativa, el panorama se torna oscuro, y nadie mueve un dedo sino es para solamente justificar conductas apáticas, y te mojas con el agua de esa corriente, y ésta te envuelve en su caída.
Es desesperante ver la confusión de que todo y a la vez nada importa, pues para todo hay una respuesta, aunque esa respuesta siempre sea de justificación, nunca de compromiso, y mañana, todo sigue igual, la severidad de antaño que creías era la causante de los males, hoy ves que sólo era una forma de disciplina que se ha abandonado; y empieza la lucha contra la ira que impides se haga presente, te la comes, su sabor es hiel que te amarga, te envenena; algún día ya no habrá mañana.
La ira es una emoción poderosa, mal utilizada se desvía hacía el agujero negro que todo aniquila, fuerza que destruye y autodestruye, y por ello en autodefensa nos predispone a la agresión, poniendo más piedras en el camino de suyo empedrado; pero alrededor nada pasa, todo sigue igual, nadie se ha enterado, la ira ha sido reprimida, los daños solo son en tu ánimo, pero ello de cualquier manera a nadie importa.
Seguramente todos quisiéramos usar nuestras emociones para hacer el bien, para sentirnos a gusto, para disfrutar lo que eres sin sentirte culpable de lo que fuiste, para con ese ánimo construir un nuevo camino; pero la depresión te pone una venda en los ojos que hace más difícil el transitar en esa vereda, en donde quizá te das cuenta que estás solo, aunque rodeado de mucha gente igual o peor que tú, ¿ilusión o reflejo de una realidad llena de sombras?
Eterna contradicción, peleando con los demás, peleando contigo mismo, reprochándonos nuestra falta de agallas para enderezar el camino que estando así, a todos complace, excepto a uno mismo; pero no atinamos a salir, nos hemos abandonado, nuestro conciente quiere emerger, pero al reprimir la ira también hemos reprimido nuestra fuerza para construir, y la corriente nos sigue arrastrando, tarde o temprano nos ahogará.
Golpear un mueble, apretar los puños no sirve de mucho, no te alivia la aflicción, aunque detiene de momento la convulsión que amenaza con reventarte; al final te revienta, te reprimes y… nada pasa, todo sigue igual; para todos solo es un momento, aunque para ti es el depósito de muchos momentos.
Durante muchos años te has sentido satisfecho y animado; has sido meticuloso en tus actividades, y a tu manera, te has ocupado de tu familia, haciendo muchas cosas en común con los demás; has tenido muy pocos malestares físicos. Pero ahora, algo de súbito ha cambiado; te comportas diferente; la gente que te conoce te dice: “No eres el mismo”, y empiezas a creerlo, pero tu instinto de supervivencia no termina de digerirlo, y así como reprimes tu ira, también luchas por recuperar ese Yo perdido; pero nada pasa todavía, y ya no estás tan seguro de que algún día llegue a suceder.
Te has vuelto indeciso y quizá hasta displicente por inercia; y nuevamente la ira impide concentrarte con claridad. No tienes ganas de reír, la comida parece haber perdido el sabor; es como si te estuvieras encerrado dentro de ti mismo, no conscientes que nadie te diga nada, pues, de cualquier manera, nada calmará el dolor de tu ira reprimida.
Pero nada está aún extinguido, la última palabra todavía no la hemos escrito, aún hay una luz en tu entendimiento que te dice que debes continuar, despertar a la realidad de cada día, y cada día empezar a colocar nuevamente un ladrillo hasta terminar tu nueva fortaleza, más fuerte, pues estará cimentada con la experiencia de saber lo que hiciste bien y lo que hiciste mal; ya no te distraigas en guiar el camino de los demás, primero reconstruye tu propio camino y después invítalos a acompañarte, y que su decisión no te avasalle; tu Yo interno te deberá ayudar a aprender cómo controlar la ira y te dará la fortaleza y la sabiduría para lidiar con ella, aunque a tu alrededor, siga sin pasar nada.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está