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UN INFIERNO BONITO

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PROTESTAN LOS CAMPESINOS

En el Valle del Mezquital a los campesinos ya los tienen hasta el gorro. No quieren retenes de policías porque se quejan de las “mordidas” de los estatales y municipales y una que otra vez entran los de la Federal de Caminos. Casi un  millar de campesinos de la región de Actopan ya no los aguantan, por lo que los acusaron ante las autoridades pero parece que no los escuchan o se hacen como el tío Lolo.

 

Los filtros de Seguridad Pública del Estado son pretextos para “cazar” a los comerciantes cuando viajan con mercancía en el tramo de carretero México-Laredo, pues los paran para extorsionarlos. Como sabemos que el  director de Seguridad Pública presume que sus uniformados son los que trabajan incansablemente para tener a Hidalgo como el más seguro, salimos varios reporteros de Plaza Juárez para entrevistarlos.

Muchos de los manifestantes coincidieron en decir que los uniformados han llegado al extremo de pedir verificación para los tractores. “La verdad son unos ladrones, buscan sorprender a los choferes, principalmente a los mayores de edad, asustándolos de que les van a quitar sus placas, pero les recogen sus licencias y no los dejan ir hasta que no se caigan cadáver con una lana”.

Desde las 9 de la mañana, cientos de campesinos, usuarios de las aguas negras provenientes de Julián Villagrán, Ixmiquilpan, San Salvador, El Arenal y otros, se congregaron en la entrada de Actopan, en el lugar conocido como Maquiladora, y una vez reunidos, se trasladaron al MP de Actopan, donde llegaron a bordo de camionetas, camiones, otros montados en su cuaco, exigiendo que los atendieran las autoridades para denunciar la arbitrariedad de los policías estatales, pero no  los atendieron y eso los enfureció.

Encabezados por Julio Hugo Sánchez, se dirigieron al bulevar principal que conecta a la carretera México-Laredo, a la altura de las instalaciones de la Cruz Roja Mexicana, donde bloquearon el paso vehicular y un automovilista intentó ganar el paso a la multitud, pero lo frenaron y le dieron sus madrazos. Algunos campesinos le patearon el coche y le exigieron respeto.  

Un tráiler de la  Coca-cola con doble remolque que quedó varado donde comenzaron hacer su movimiento, les cayó como anillo al dedo, y lo utilizaron para bloquear los dos carriles del crucero. Después de 20 minutos de bloqueo, todo el contingente regresaba al MP. Estaba presente el director de gobernación Javier González Arreola, quien dialogó con los manifestantes, quienes le pidieron que fueran atendidos por el secretario de Seguridad Pública Alfredo Ahedo Mayorga, así como por el personal de la Procuraduría.

Permanecieron varias horas hasta que llegó el MP con su secretaria, a fin de atenderlos, pero como se había tardado lo abuchearon y lo dejaron hablando como loco. Cuando les pedía una disculpa por su tardanza, la multitud se dio la vuelta y se dirigió por la avenida 5 de Mayo, llegando a la cancha de futbol “Los Frailes”, donde se presentó Francisco Mayorga Domínguez, subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana de Seguridad Pública del Estado, a quien le manifestaron su malestar. Le dijeron que muy seguido les caen los policías uniformados, quienes los detienen por cualquier cosa y  les piden dinero para no infraccionarlos, y si no tienen dinero les han quitado hasta un  borrego o la mercancía.

El funcionario estatal les dijo que la falta de una placa vehicular no es motivo de infracción, por lo que no deben pararlos y mucho menos a los campesinos. El retén está para resisar a los automovilistas, que no lleven armas, drogas y automóviles robados. Todavía no terminaba de hablar cuando todos, a una voz, le dijeron que esa es la razón para que detengan los retenes. Dijeron que la mordida es de 500 a mil pesos, o de lo contrario se llevan la unidad al corralón.

Al final, acordaron mesa de trabajo, en la próxima semana, con policías municipales, estatales y federales, a efecto de que no extorsionen a los campesinos. Uno de los manifestantes fue entrevistado por la prensa, preguntándoles desde cuándo los extorsionaban, y contestó que ya tiene un buen de días. Los detienen los del retén y buscan si llevan una calavera rota o el espejo, si no prenden sus luces, y se los amuelan pidiéndoles la cantidad de 500 pesos la mínima. Asimismo, comentó que su papá tiene 73 años y todavía maneja por necesidad, pero lo pararon y le pidieron su licencia, las cual les dio y le preguntaron cómo la había obtenido, pues ya estaba muy ruquito, contestándoles que fue a Pachuca a solicitarla y lo mandaron a un reconocimiento medico de la presión, si no tenía diabetes y cómo le funcionaba el corazón.

Después, de ahí lo mandaron al Estadio Hidalgo con un papel para el comandante Flores, quien lo llevó en su camión y él septuagenario iba manejando. El comandante le dijo que estaba bien y le dio un a papel para presentarlo en tránsito. Lo pagó y le dieron su licencia. Los policías que están en el retén le dijeron que la ha de haber sacado chueca, porque ya lo veían viejito y de noche se les hacía que no veía.

Lo hicieron desatinar y le sacaron de “mordida” mil pesos. Como le dijeron que si no los pagaba iban a detener el camión, juntó el dinero para darles lo que llevaba pero no le alcanzaba, por lo que les pidió sus nietos que le cooperaran y sólo logró juntar 800 pesos, que le recibieron con la condición que cuando regresara les tenía que dar los 200 pesos que les quedó a deber. Por eso se juntaron todos los campesinos, ya que a otros les quitaron un borrego y por eso hicieron lo que tenían que hacer.

 

ERAN INOCENTES LOS QUE MADREARON

En el poblado de San Pedro Tlachichilco, madre, hijo y el concubino se salvaron de morir en la horca porque fueron acusados de ladrones y les dieron una madriza de pronóstico, donde fueron a parar al hospital. Ya calmado el desmadre, la señora toda desmadrada, que parece que la atropelló un camión de la basura y los demás quedaron iguanas ranas, declaró: “Nosotros no robamos nada, se lo juro por Dios, somos inocentes, la que nos acusó y nos echó a la gente fue la mujer del hombre con quien vivo, se dejaron y el que era su esposo me habló en el oído palabras bonitas y le atoré con él. De eso estuvo de acuerdo mi hijo porque llevaba el acta de divorcio. Cada que nos encontrábamos era madriza segura porque ella comenzaba a insultarme y un día juró que se la íbamos a pagar. Yo sabía que me había echado un alacrán encima, que estaba sentada en un barril de pólvora, pero no me arrepiento de haberme juntado”.

La fémina no dejaba de llorar, subiendo y bajando el moco. “Tengo 7 meses de embarazo y por los golpes que me atizaron, por poco se me sale el hijo. La ex esposa de Pedro fue la que armó el teatro, se llama Felisa, la desgraciada. Se juntó con  otras viejas de su calaña y cuando pasaba mi hijo por su casa comenzó a gritar como loca, parece que le apretaban el gañote, que habían robado en su casa. Le ayudaron sus comadre, sus hijas, su madre y una bola de viejas argüenderas”.

En un abrir y cerrar de ojos, se juntaron todos los del el pueblo y sin deberla, pagamos el pato. Cuando me fueron avisar que a mi hijo le estaban dando en la madre, salimos mi marido y yo, a ver qué pez, pero al llegar, la infeliz nos señaló que también nosotros fuimos. La gente se volteó y nos golpeó sin piedad. Traté de gritarles que le bajaran porque estaba embarazada, pero recibí un garrotazo en la cholla, que me dobló y caí al suelo parando las patas.

“Me levantaron de las greñas, me pusieron un lazo en el cuello, me empinaron, me bajaron los pantalones con todo y calzones, y con un palo me daban en las nalgas. Eran tan fuertes que sentí que mi bebé se me iba  a salir. A mi viejo y a mi hijo les hicieron lo mismo, y sentía las patadas. Estaba a punto de desmayarme, pero nos salvó al campana cuando llegaron lo uniformados de la municipal y la estatal, quienes estaban en un retén en la carretera federal México-Tuxpan, y evitaron a que nos mataran aunque a ellos también les pegaron bonito y sabroso”.

La señora lloró tapándose la cara. Dijo que se llama María Aurelia, su hijo Marcelo Eduardo y su viejo, Pedro, que aseguran que vivieron una pesadilla en el fondo del infierno y nunca la olvidarán, porque dicen las enfermeras del hospital que de momento se paran y salen corriendo llevándose el suero en los brazos.

“Fuimos resguardados por decenas de policías en el kiosco de la comunidad, mientras el delgado y los representantes de la autoridad se ponían de acuerdo, pues decían que se han soltado los ladrones por el pueblo y era necesario darles un  escarmiento y valía la pena comenzar con estos tres matándolos y quemarlos, pero no robamos nada, no tenían por qué hacerlo, pobre de mi hijo y Pedro, que también le llovían los madrazos por todas partes.

“Nos dejaban descansar por unos momentos, y luego llegaban con más ganas a golpearnos. Vi cómo a mi muchacho le arrancaron la playera dejándolo con el lomo pelón, y le pegaban con una vara, que brincaba como chivo, parece que estaba cantando yo se los juro que yo no fui. Luego le quitaron los zapatos y a pata de perro le pisaban los callos y lo hacían bailar en las piedras”.

“No robamos nada, y de todo esto culpo a la que fue la esposa de Pedro, de hacer la mosca chillar, porque estaba que se la cargaba pifas, pues le dolía que yo estaba embarazada, y estoy segura que lo hizo para que me golpearan y abortara, por Dios, qué corazón tiene la mujer. Llegaron dos de mis hijos, una niña y un niño, de 12 y 10 años, quienes entre las patas se le colaron a la gente y la mayor corrió a abrazarme, me daba de besos y me decía que por qué me pegaba la gente. Llegó uno de los policías y se los llevó llorando, espantados, porque pensaron que también a ellos se los iban a llevar al bote”.

La declarante señaló que estaba bien que se los llevaron para que no vieran cómo eran golpeados, y nos siguió contando: “Con el paso del tiempo el frío aumentó y vi a mi hijo Marcelo Eduardo sin camisa y sin zapatos, sólo con una bermuda, y temblaba como chihuahueño con ganas. Eran las 7 de la noche cuando el diálogo terminó entre las autoridades y gente del pueblo”. Subió al kiosco el delegado para decirles que la policía se iba a hacer cargo de los acusados. “Con mucha rapidez, los uniformados nos subieron a la camioneta patrulla y fuimos sacados del pueblo ante el descontento de algunos vecinos que pedían nuestro regreso para terminar la obra. Después nos encerraron y luego nos mandaron al hospital, y estamos en calidad de detenidos, pero ¿qué robamos?

“Siento mucho lo que pasó pero todo se lo debemos a la vieja que era de Pedro, por lo mientras, nosotros ya bailamos, y lo que queremos es que se haga justicia, se investigue lo que pasó, por qué nos querían dar chicharrón y quién causo el alboroto, que la castiguen. Lo que le pido al señor autoridad es que me dejen un ratito con la Felisa para quedar contentas”.

Esta fue la verdadera historia de lo que pasó en un poblado por culpa de una mujer que era rival en amor de la que amoló, y como dice el dicho, “palo dado ni dios lo quita”.

 

FUE ATROPELLADA UNA JOVEN

Estudiante de 14 años de edad murió atropellada. Sucedió después de las 6 de la tarde, en la esquina que forman el Viaducto Nuevo Hidalgo y calle Belisario Domínguez, a un lado de la Universidad La Salle, muy cerca de la céntrica Plaza Juárez de Pachuca.

La infortunada jovencita quedó debajo de la camioneta Honda Tipo CVR  color gris, placas de circulación de Hidalgo, manejada por un mono de nombre Raúl, de 65 años, a quien por un pelito se le para la molleja debido a que se le subió la presión, por eso fue hospitalizado, en calidad de detenido.

Los paramédicos de la Cruz Roja llegaron al lugar para prestar los primeros auxilios a la atropellada, pero al ver que había fallecido, procedieron a  atender al chofer y después lo trasladaron al sanatorio Santa María, en la avenida Madero. Los uniformados de seguridad acordonaron la zona y poco después llegó el señor de la Atención Temprana y anotó en su carpeta todo lo que sucedió. Dijo que la víctima llevaba por nombre Rebeca. Según la investigación, la joven había ido por sus primos a la escuela pero al cruzar fue cuando se le llevaron de corbata y quedó machucada.

Su tía, preocupada por la tardanza, salió de su domicilio rumbo a la escuela donde estudian sus hijos, pero al llegar los encontró solos y les preguntó por su prima, contestándole que no llegó. Al ir de regreso y pasar por la calle de Belisario Domínguez, que estaba cerrada, observó que cerca de la camioneta estaban las ropas de su sobrina, por eso pidió permiso para verlas bien y dijo que eran de su parienta.

Tuvo que ser atendida por los de la Cruz Roja porque sufrió una crisis nerviosa, mientras el conductor de la camioneta sufrió en el lugar un ataque cardiaco por la impresión de ver a la menor debajo de su unidad, pensando que ya se la había echado al plato. Para resolver esta bronca hay que esperar a ver si el automovilista se recupera o se va junto con la finada estudiante.

gatoseco98@yahoo.com.mx