
No al regreso del pasado…
Por muchos años México fue un País en donde sus ciudadanos no teníamos derecho a nada que no estuviera expresamente autorizado por nuestras Autoridades, la libertad de expresión era una falacia pues solo se le otorgaba cobertura a aquellos medios que hablaran bien del Gobierno en turno, pues a los medios que se atrevían a hacer críticas en contra de las autoridades eran considerados como subversivos y estaban al margen de la ley; los ciudadanos teníamos que resignarnos a la arbitrariedad de leyes y autoridades, pues los pocos que se aventuraban a enfrentar al sistema eran objeto de una feroz persecución; en este punto me viene a la mente auténticos luchadores sociales como Heberto Castillo, Valentín Campa o Arnoldo Martínez Verdugo, solo por mencionar a algunos.
En materia electoral prácticamente existía un solo partido con posibilidades reales de triunfo; son memorables aquellas conferencias de prensa en donde el PRI destapaba a su candidato a la Presidencia y se formaba una comisión para ir por el candidato a su casa y anunciarle sobre el apoyo que los tres sectores del partido le otorgaban para que los representara en la “contienda electoral”, ¡hasta ese proceso resultaba ser una burla para el ciudadano¡ pues ya todo México sabía que el candidato del tricolor sería el próximo presidente de México, con o sin caída de sistema; cómo olvidar los famosos años de hidalgo en que prácticamente convertía al sexto año de gobierno; la devaluación eran los platos rotos que la sociedad tenía que pagar por ese hecho; todo era engaño y simulación democrática.
Para ese entonces, las miradas de muchos jóvenes volteábamos hacia la izquierda, pues era la opción que permitía enfrentar al Gobierno, pues no olvidemos que hubo una época en que ni siquiera se permitía la realización de eventos musicales multitudinarios, pues resultaban ser riesgos potenciales de unificación de masas; por ello, paulatinamente fueron surgiendo grupos de izquierda, algunos con tendencias moderadas y otros notoriamente violentos, por desgracia estos últimos fueron ganando espacios amparados por la radical postura en contra de todo lo que oliera a gobierno y aprovechando el natural resentimiento y frustración del ciudadano que en aquel entonces lo invadía.
Esos grupos fácticos se fueron infiltrando en grupos sociales, en las escuelas, en las fábricas, y siempre formando cuadros con una misma consigna: oponerse a todo lo que viniera de la clase “burguesa”. Su principal arma siempre ha sido la sistemática oposición al orden establecido y tratar de lograrlo mediante acciones de choque: cierre de carreteras, secuestro de unidades de transporte, toma de rectorías en Universidades, paros locos en las fábricas.
Al paso del tiempo y con la experiencia de algunos años a cuestas, qué es lo que veo hoy día, un peligro corregido y aumentado, los grupos radicales y violentos continúan con sus embates e irracional oposición a todo, incluso a ellos mismos, pero ahora, desde su privilegiada posición, está apuntalada para recuperar viejos esquemas que en antaño dieron buenos dividendos y que mantuvieron a un partido en la hegemonía del poder, pues es de todos conocido que muchos de los actuales “izquierdistas de ocasión” tienen un multipartidista y que conocen perfectamente esa maquinaría que todo lo arrasaba a su favor; son gente resentida con su Partido por no haber obtenido los galardones que a su juicio se merecían decidieron hacerle al trapecista y saltar a otro Partido donde pudieran cobijarles sus ambiciones políticas personales.
Pero, y sin temor a equivocarme, ésta no es la izquierda de los auténticos caudillos sociales, ésta no es la izquierda que puede representar fielmente a los pobres, ésta no es la izquierda con la autoridad moral para enarbolar la bandera de la democracia, esta no es la izquierda que México necesita.
Dividir al País es contrario a cualquier principio partidista; siempre buscando la lucha de los contrarios en su irracional actitud de oposición sistemática, hoy no es como ayer y la actitud debe ser diferente, pero no, la izquierda no ha evolucionado, se quedaron en ese pasado de los grupos anarquistas y radicales de los setentas que pretendían conseguir sus objetivos a costa de lo que sea pero siempre disfrazándolo como un mandato social; lo que la democracia no me concede entonces no es democracia.
No se debe abusar de la buena fe de la gente, la están llevando a niveles de rencor que después no podrán controlar, la polarización no es el camino de la democracia.
La democracia violenta pertenece a tesis atávicas que deben ser superadas, la única instancia está en las urnas y no en las palabras incendiarias y llenas de rabia de los perdedores.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.