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La CNTE y el chantaje

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Terraza

La muerte del maestro Claudio Castillo Peña durante los eventos registrados en Acapulco el 24 de febrero pasado, es un hecho lamentable. No obstante, lo que resulta más lamentable aún es que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación la CNTE y su representación en Guerrero, la CETEG, utilicen su muerte como parte de una estrategia política que tiene por eje principal de desestabilización y el chantaje.

 

Presente principalmente en los estados de Michoacán, Guerrero y Oaxaca, la CNTE se ha caracterizado desde hace tiempo por llevar a cabo movilizaciones que ponen en jaque la educación de miles de niños, desquician ciudades enteras y causan daños materiales que ascienden a millones de pesos.

 

 

 

Por medio de platones y manifestaciones, que la mayoría de las veces desembocan en la violencia, la CNTE ha sometido a gobiernos estatales utilizando los eufemismos de “negociación y diálogo”, cuando lo que en realidad busca, es obtener beneficios económicos que solo consiguen perpetrar prácticas antipedagógicas que lesionan la educación de miles de alumnos.

 

 

 

Desde que comenzó a discutirse la reforma educativa, la CNTE, ha buscado equiparar la reforma a un proceso de privatización que supuestamente pondría en riesgo la educación pública, haciendo de ella un privilegio de unos cuentos. No obstante, si se examina el argumento de cerca, este revela carencias que parten, de un profundo desconocimiento del más elemental vocabulario, o bien, de una incongruencia política que linda en la esquizofrenia.

 

 

 

Irónicamente, hoy en día es la CNTE, quien ejerce un control directo y privado sobre la educación de miles de estudiantes de Michoacán, Guerrero y Chiapas, y quien hace de la instrucción académica, un privilegio exclusivo de aquellos que pueden pagar una escuela privada y quien controla las plazas de maestros, así como los recursos destinados a las escuelas.

 

 

 

No conformes con lo anterior los maestros de la Coordinadora privatizan, espacios públicos como la plancha del Zócalo, el Monumento a la Revolución, instalaciones de la SEP, carreteras Federales, edificios de los gobiernos locales, despojando al conjunto de la sociedad de la posibilidad de su disfrute. O en otras palabras privatizando el espacio público, para su consumo gremial y personal.

 

 

 

Por complicidad u omisión, los gobiernos locales han cedido a este tipo de acciones, alimentando la práctica del chantaje, haciendo que esta cobre relevancia a nivel federal y adquiera presencia en regiones en las cuales la CNTE no tiene mucha presencia, logrando con ello, fomentar un círculo vicioso que produce efectos deleznables.

 

 

 

Uno de estos efectos es que parte de la sociedad civil, no encuentra razones suficientes para desprestigiar las acciones de la CNTE. Para decirlo de forma concreta, no importa que violentas sean, o cuanto afecten a la ciudadanía, la CNTE ha logrado posicionarse de tal forma en la opinión pública, que para ciertos sectores, la violencia de la organización magisterial es todo menos condenable, mientras los operativos de la fuerza pública que buscan controlar las movilizaciones, son simplemente represivos.

 

 

 

Parte del éxito de la CNTE consiste en hacer propias causas ajenas, en presentarse como representantes de un “pueblo” al continuamente lesionan con sus actos y que poca o nunca benefician. 

 

 

 

Como ya hemos empezado a ver, la muerte de Claudio Castillo Peña hombre de 60 años será utilizada por la CNTE y sus secuaces, como un estandarte político. En nombre del desafortunado maestro se llevarán a cabo nuevas movilizaciones que supuestamente tendrán como objetivo revindicar al mártir. Sin embargo, el resultado esperable de dichas movilizaciones será únicamente más violencia.

 

 

 

Si el verdadero interés de la sociedad civil, consiste en acabar con este tipo de tragedias, esta tiene que evitar ceder al chantaje implícito y entender de una buena vez que este no trae beneficio alguno.