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Incredulidad, psicosis, desesperación y confusión…
De todo ha habido en esta infausta semana, nuestros sentimientos y nuestra conducta pasa en algunos casos de la acción a la omisión, del exceso al defecto, de la incredulidad a la psicosis; el panorama citadino es casi caótico; algunos se preocupan, otros se ocupan, pero por desgracia también los hay aquellos que sienten que lo que hoy acontece no les alcanzará a su propio destino.
En las calles podemos ver desde la persona que entendiendo lo delicado del asunto usa su cubrebocas y respeta las medidas de sanidad, hasta aquellos que sin el menor recato y cuidado siguen sin atender las recomendaciones para el cuidado de nuestra salud; el peligro de la desinformación y de la incredulidad pueden resultar de iguales o peores consecuencias que el virus que hoy nos aqueja, al enfrentarnos en esta mezcla de confusión, psicosis, recelo, segregación y sospechosismo que nos lleva a algunos a la desesperación.
Muchos no entendieron el objetivo que se perseguía con el paro forzado de labores productivas no prioritarias que tuvimos durante el año pasado; para algunos sectores simplemente representó una extensión de sus vacaciones pues sus ingresos no se vieron afectados, cuando menos no en la misma medida que aquellos cuyos trabajos dependían de la prestación de un servicio inmediato; entiendo la problemática de parar labores y no generar ingresos para su subsistencia, pero ya que estamos dispuestos a no parar nuevamente, al menos hagámoslo respetando las medidas sanitarias, pero por desgracia no lo hacemos, pienso que hasta de ello la gente ya se cansó, para demostrar esta premisa, baste ir a cualquier centro comercial y nos daremos cuenta que la gente acude a esos lugares haciéndose acompañar de los hijos y hasta de las abuelitas, sin el menor cuidado, como si se tratase de un acontecimiento festivo al que todos debemos acudir y celebrar; morbo, incredulidad e inconsciencia es la transición entre nuestra salud y la pandemia.
La confianza mató al gato, “relajar” las precauciones sanitarias confiados en que a nosotros no nos pasará es casi como apostar nuestra salud en juegos de azar. La prueba más clara de lo que aquí afirmo es el incremento sustancial de los casos de personas que contrajeron el virus en nuestro Estado de Hidalgo; tampoco se trata de caer en psicosis que lleve a muchos hipocondríacos a saturar clínicas y hospitales al primer estornudo, se trata de que dimensionemos el riesgo por el que estamos atravesando y acatemos sin mayor problema el mínimo de cuidados recomendados por las autoridades de salud.
Este estado de cosas ha dado lugar a un sinnúmero de situaciones de diferentes matices, desde las inverosímiles, grotescas, mezquinas, catastrofistas, y hasta aquellas que revisten algún grado de conciencia y responsabilidad; no han faltado aquellos que tratando de llevar agua a su molino abusan de las circunstancias para ganar un dinero extra vendiendo medicamentos apócrifos, según han dado cuenta algunos medios informativos nacionales.
Lo cierto también es que en este estado de confusión e incredulidad todos tenemos nuestra parte de responsabilidad, no solo las autoridades a las que ya habrá tiempo de valorar su capacidad de reacción, sin olvidar que cada uno de nosotros también debemos reaccionar a tiempo, mañana puede ser demasiado tarde.
Amigos hidalguenses, las medidas sanitarias no son optativas, no quedan al libre albedrío o condicionadas a que si otros las cumplen entonces yo también, son medidas sencillas y que tienen la sana intención de cuidar la salud, no le juguemos a la ruleta rusa con tranquilidad de nuestros hijos.
No es momento de decir que Pegasus nos ha caído como anillo al dedo para evadir responsabilidad o minimizar riesgos, no es momento de utilizar la pandemia y la sucesión presidencial para llevar agua al molino de alguien.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.