SE SUIDIDO EN LAS MAZMORRAS
No aguantó la pestilencia de las galeras que tienen en la barandilla municipal de Tulancingo. Dice el comandante de guardia, que se suicidó colgándose de la reja con su camisa, estaba muy desesperado porque el lugar parecía la cámara de gases.
Los familiares piden a las autoridades una investigación, porque lo encerraron por una falta administrativa, estaba borracho, y cuando llegan a las garras del comandante les quitan las agujetas de los zapatos o tenis, el reloj, esclava, la cartera y los anillos, para que no se vayan ahorcar, cuando salen les dicen que así llego, que no le quitaron nada, y si protestan les explican que esperen al jefe de la policía.
El comandante dijo que no se le ocurrió quitarle la camisa porque pensó que no iba a dar lata y se quedaría a dormir la mona. Dijo que según el reglamento de policía y buen gobierno, está escrito que cuando llevan a una borracha le quitan el brasier y los calzones para que no se vaya ahorcar, pero sí la cajetearon sus mascotas (perdón) sus escoltas, en dejarle la camisa.
Los hechos ocurrieron la tarde del sábado en las instalaciones de la policía municipal, esto lo confirmó la Procuraduría General de Justicia al dar inicio a la carpeta investigadora correspondiente.
Se explicó que el ahora occiso, de 25 años, era originario de Tulancingo y vecino de Huachinango, Puebla.
Se lo llevaron al bote al mediodía del sábado por estar chupando en vía pública. Según dice en el párrafo siguiente de la carpeta, que su jefa lo fue a visitar a la galera como a las 2 de la tarde, le llevó un refresco, y le pidió que le llevara unas quesadillas y arreglara para que se las comiera en el patio porque adentro olía muy feo, o que preguntara cuánto era de la multa y lo sacara.
Su mamá declaró que regresó como a las 4 de la tarde, no llevaba dinero, la multa era muy elevada, como si hubiera matado a un gendarme. Estaba muy inquieto, y fue a su casa a buscar dinero para sacarlo del bote. Cuando lo estaba haciendo escuchó una ambulancia, que su corazón le latió a madres, como si le avisara que algo le había pasado a su hijo.
Minutos después tocaron la puerta, al abrir, era el sargento Pérez acompañado de varios uniformados, y le dijeron la noticia de que su hijo Néstor Hernández Vargas se había quitado la vida.
La señora madre del muchacho se puso pálida, y le dijo: “No mame, sargento, si acabo de ir y lo vi vivito y coleando”. Lo mandaba el MP para que fuera a identificar el cuerpo. La señora dio un grito angustioso y fuerte, que un policía soltó su carabina.
Entró al quite la esposa del ahorcado, Mayra Alejandra Villareal Ramírez, que se presentó a declarar, y dijo que el 31 de diciembre su esposo cumplió años y se trasladó de Huachinango al municipio de los satélites. Ella no lo acompañó, y dijo que su suegra fue la que le dio la noticia de lo que pasó, y pide al MP se investiguen los hechos y que si hay algún responsable, que se le castigue, porque qué casualidad que murió dentro de una celda y nadie sabe, nadie supo, quién robó a la Conasupo.
La Procuraduría General de Justicia informó que el MP dio fe a las 7 y media de la noche en el interior del calabozo de la Dirección de Seguridad Publica, que se encuentra en la colonia Ampliación Paraíso de la misma ciudad de Tulancingo, según la necropsia, reveló que la muerte fue por asfixia por mecanismo de ahorcamiento, y la averiguación previa se encuentra en periodo de integración y se resolverá en el término legal establecido.
TRABAJADORES MUY OBEDIENTES
Rodrigo Ramos Huerta, Víctor Hugo Fernández López y Andrés López Sánchez son trabajadores de un negocio de materiales para construcción. Su patrón y dueño, Raúl González Ramírez los mandó a comprar unos ladrillos que necesitaba, les dio mil 350 pesos, les dijo que se llevaran la camioneta para que no se tardaran.
Horas más después, su patrón recibió una llamada de uno de ellos, para decirle que tenían un problema de tránsito y estaban en la Policía Municipal, se fue hecho la mocha para saber qué había pasado con sus trabajadores, y cuando llegó se iban a llevar su camioneta al corralón y a sus trabajadores les iban a dar para dentro.
Le explicó el oficial de la policía que los habían agarrado cargando ladrillo en la camioneta, se lo estaban robando. Enojado, don Raúl les dijo que les dieran en la madre por ratas, él iba a poner su demanda por abuso de confianza ante el Ministerio Público, pero estando allá, ya los había acusado el encargado de la obra de construcción del señor Raúl Castillo, de haberse robado los ladrillos.
Los rateros dijeron que su patrón es el culpable porque les dijo que consiguieran ladrillos baratos y se llevaran la camioneta para cargarlos, Víctor tiene un amigo en Mineral en la Reforma que se los vende y como no estaba, comenzaron a cargarlos, cuando les cayó la chota.
Nunca habían tenido problemas con su patrón, pero ya que se portaba ojo de gorgojo con ellos, lo iban a echar de cabeza, que no les paga las prestaciones y además compra y vende materiales y no da factura, que ellos saben cómo le hace para no pagar los impuestos. El dueño les mentó la madre y los acusó de ladrones. Se los llevaron a las instalaciones de los ministeriales donde tuvieron que pagar 3 mil pesos por cabeza para salir, y se quedarían sin chamba por riñones.
UN CHAMACO LADRÓN
Un chamaco es ladrón muy conocido, a quien se descuida se lo amuela, está vez le toco a Lucila González, una joven de 16 años, empleada que con mucha devoción se persignaba afuera de la iglesia la Asunción para que le fuera bien en el día y en su trabajo.
Cuando de pronto pasó un chamaco mugroso, de 10 años, y le sacó su celular de su bolsa, le dijo ¡matanga dijo la changa! y se echó a correr por el mercado Primero de Mayo, Lucila lo alcanzó y le pidió que le entregara su celular, pero el escuincle se burlaba de ella y le pidió 100 pesos, al no dárselos se subió muy tranquilo, acompañado con un amigo.
La joven, muy preocupada y a punto de chillar, se sentó en el Jardín Constitución a esperar a que bajara y entonces sí lo iba a madrear. Una señora que los vio alegar, le dijo que ese muchacho es un ladrón mañoso, que lo tapan los boleros y teporochos, pero ella conocía a su tío y lo fueron a ver.
Le contaron lo del robo de su teléfono, y le dijo que no hiciera escándalo, que él se encargaba de que le devolviera lo que le quitó. Poco después llegó el chamaco y le dijo a Lucila que no le iba a dar ni madre, y que si le decía a alguien la iba a madrear, Lucila trató de agarrarlo, y se echó a correr, desesperada, grito pidiendo auxilio, pero como siempre, no había ni un policía, y además, a los boleros, franeleros y teporochos les daba risa de lo desesperada que estaba la chica, temblando y gritando a todo pulmón.
Fue al Ministerio Público y puso su denuncia, les dijo que el chamaco se llama Ignacio Peña, le dijeron que lo iban agarrar, que estuviera pendiente cuando la llamaran. Ese muchacho hace de las suyas y ataca jovencitas y ancianitas que pasan por el lugar. Ahí hay mucho policía, pero cuando se trata de un caso como este, desaparecen.
ARAÑÓ AL QUE LA QUERÍA ASALTAR
El asaltante se enojó y ya no la robó, la aventó a un barranco de 15 metros. Al escapar el asaltante presentaba cicatrices de rasguños en toda la cara, parece que lo había madreado un gato, la joven mujer lo esperaba para darle más, pero la cargó y la aventó a un despeñadero.
Se salvó de morir, fue llevada a un hospital colgando el pico, por las graves lesiones que se hizo al rebotar en las piedras filosas y caer de madrazo al fondo, llegaron los del cuerpo de rescate y la sacaron pensando que estaba haciendo sus necesidades y al pujar se fue para atrás, cayendo al fondo del barranco.
Poco a poco se fue desenredando la madeja y saber lo que realmente pasó, la victima se llama Rosa Rosales Martínez, de 22 años, conducida al Hospital General de Tulancingo, los hechos ocurrieron en la colonia La Cañada, antes de las 9 de la mañana. La agraviada se dirigía a su trabajo en la Plaza del Vestido.
Reportaron algunas personas, que en el fondo del barranco había una mujer y bajaron a sacarla, y a pesar de que estaba a punto de entregar el equipo por las lesiones, alcanzó a decirles a los gendarmes que caminaba a su chamba cuando de pronto, entre los matorrales le salió un hombre que la quiso atacar por la retaguardia, con el fin de quitarle su bolsa. Pero la mujer lo pescó de los cabellos y lo volteó, y como usa uñas potizas, se las clavó en la cara del bandido, dejándolo todo rasguñado desde la frente hasta el pescuezo, y de coraje la aventó al vacío.
Dijo que es un chaparro flaco, que llevaba puesta una chamarra azul y pantalón de mezclilla, llevaba en la cabeza un cachucha de beisbolista azul, con los datos que les dio la mujer, los uniformados anduvieron buscando al rasguñado por todas partes, pero no lo encontraron, dijeron los paramédicos de la Cruz Roja que aun lastimada, Rosa utilizó su celular para avisarle a su hermano lo que le había sucedido y a dónde la había aventado. Con esos datos, rápidamente llegaron los de la Cruz Roja y los uniformados.
Dijo que no llegó hasta el fondo porque quedó atorada en unos árboles, pero por lo menos cayó de una altura de 15 metros, andan buscando al rasguñado, por todos lados, tocando cada por casa, y dijeron que no dejaran libre al que intentó robar y luego asesinar a su víctima. A los agentes les hicieron un retrato hablado y en lugar de taparle la cara, le pusieron muchos rasguños. Dicen que ya le andan pisando los talones y pronto le echarán el guante.
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