El resuello de La Tierra
- “Un reloj olvidado desde quién sabe cuánto tiempo parecía que es lo que originó un escándalo tan grande”
Hace algunos años en el templo de la Asunción de la capital hidalguense, no fui la única persona que escuchó con claridad el crujir de la tierra justo debajo de donde se encuentra un Cristo con el cuerpo lastimado y los ojos más tristes del mundo. En realidad éramos muy pocos los que minutos después del mediodía acudimos a buscar reencontrar el camino a través de la oración, que en algunos casos es la mejor alternativa para dialogar con nuestros difuntos más queridos y por supuesto, Dios. Algo que hizo un eco casi eterno, tronó hasta las profundidades de la tierra misma que a más de uno de los cinco feligreses les hizo agacharse y poner el oído en el piso de piedra roja.
Un reloj olvidado desde quién sabe cuánto tiempo parecía que era lo que originó un escándalo tan grande. Supongamos que el sonido era el de tic-tac aunque no lo fuera, pero de alguna manera puede explicar que el girar del planeta en que habitamos se marca con exactitud absoluta en esa forma, hasta que algo pasa y el escenario cambia repentinamente.
Igual que el primer crujido, pareciera que la cuerda se había trabado y el rechinar nos sorprendió con los ojos abiertos a más no poder y la oreja pegada al piso. Chirrió algo y todo se detuvo sin remedio alguno a la vista. La tierra, la gran canica azul en que pasamos la vida no caminaba más.
Sin embargo todo parecía igual porque afuera seguía la voz del vendedor, el caminar de los que acuden al mercado de comida y de fayuca. Nadie se había detenido al mismo instante que el planeta. Pero era indudable que La Tierra no caminaba más, no se movía y probablemente nunca lo volvería a hacer.
Sin embargo lo hizo cuando la gente, casi toda, decidió no sacar ni los ojos por las ventanas de sus casas, las calles vacías y un miedo terrible de que la muerte los agarrara descuidados y ni tiempo les diera para despedirse.
Cuando el planeta se quedó inmóvil no pasó de unas semanas, además que solo unos cuantos rezanderos nos enteramos, y eso porque estábamos justo en el lugar donde se hace un silencio absoluto que la banca pegado al Cristo del que ya les di cuenta. Pero después, según me contó una abuelita que nunca se ausentaba de La Asunción hasta que llegó el virus, arrancó y las cosas regresaron a la normalidad, es decir darle vuelta al sol en un año justo, a la galaxia quién sabe cada cuando y todo eso que saben los que miran las estrellas.
Pero ahora ya va a pasar un año y los que nos quedamos quietos somos los que nunca lo hacíamos. Si tuviéramos la certeza de que con hacernos los muertitos no lo estaremos en términos reales, el sacrificio sería más que justificable. Pero nadie sabe en realidad lo que sacaremos de no mover ni los ojos.
Ahora ya se habla de la vacuna, aunque al Presidente lo que más le preocupa es que las ahora malditas redes sociales no censuren a nadie, y por eso se olvidó de la pandemia para dar vida al nuevo “feis” de la 4T, imposible de censurar, libre por naturaleza, algo así como la canción que la Dalesio cantaba para mujeres adoloridas que ahora si probarían que la libertad es para todos.
Si La Tierra no se vuelve a detener algo grave pasará.
La Asunción, antes del mediodía, es el lugar más indicado para escuchar el andar de nuestro planeta en el espacio. A veces se detiene, pero luego luego vuelve a caminar. Supongo es un respiro que se da, el momento para que la oración agarre aire. Pero si no descansa entonces sus moradores lo harán, a veces de manera eterna, otras también para agarrar resuello. Quién sabe.
Mil gracias, hasta el próximo lunes.
@JavierEPeralta