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Macri comenzó con su locura neoliberal

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La transición argentina

  • A las 18:00 horas anunció que quita el control a la compra de divisas, lo que dejará a la moneda argentina en manos de los grandes empresarios especuladores; una devaluación e impactará a la inflación, ya de por sí alta

Por el control cambiario hubo desaliento a la exportación: muchos exportadores perdieron competitividad por la apreciación de la moneda argentina. Una devaluación los alentaría. Sin embargo, las exportaciones de bienes y servicios de Argentina suponen solo 15% de su PIB, lo que evidencia que su mercado interno es clave para su economía: una depreciación del peso lo deteriorará.

Buenos Aires.- El ministro de Hacienda de Argentina, Alfonso Prat-Gay, anunció la liberalización del control cambiario que ha regido en el país desde 2011. Las restricciones a la compra de divisas fueron instauradas por el anterior Gobierno argentino, el de Cristina Fernández de Kirchner, para enfrentar la escasez de divisas que sufre el país en su resistencia a que sea el mercado el que fije el valor del peso.

El control ha afectado a la inversión en estos cuatro años y por eso el nuevo presidente, Mauricio Macri, había prometido liberalizarlo. Claro que esta medida provocará una devaluación que impactará en una inflación de por sí alta (24% anual hasta octubre pasado, según datos no oficiales).

El control cambiario consistió en diversas limitaciones del mercado de divisas:

Los ahorradores solo podían comprar dólares por el equivalente al 20% de los ingresos declarados: Hacienda era la que autorizaba un determinado cupo mensual para adquirir la moneda norteamericana, que es aquella en la que las clases altas y medias de Argentina han ahorrado desde la década de los años 70. Además regía un tope de hasta 2.000 dólares por mes. Aquellos que no recibían la autorización oficial recurrían al mercado ‘blue’ o ilegal que funcionaba en las llamadas ‘cuevas’ de las propias casas de cambio, sociedades bursátiles o agencias de viajes. Hasta este miércoles, el dólar oficial cotizaba a 9,83 pesos y el ilegal, a 14,48.

Los viajeros debían pedir autorización a Hacienda para hacerse con divisas: los residentes que viajaban al extranjero solo podían adquirir por la vía oficial lo que las autoridades les permitían según un misterioso criterio que tenía en cuenta el destino y la cantidad de días del viaje.

Las multinacionales apenas podían girar los beneficios a sus casas matrices: el Banco Central autorizaba a cuenta gotas que las filiales de empresas extranjeras repatriaran beneficios a sus países de origen, lo que desalentó la inversión.

Los importadores necesitaban autorización para comprar divisas con las que pagar los productos: en 2012 se generalizaron las barreras para las compras externas no solo para bienes de consumo sino también para insumos y maquinarias usadas por el aparato productivo de Argentina.