El próximo 23 de abril se cumplirán cuatrocientos años desde la muerte de Shakespeare, curiosamente un día después que Cervantes. El Reino Unido se prepara para celebrarlo a lo grande, porque sabe que la cultura es la base de lo que se viene a denominar su «poder blando». Habrá un sonado festival en su pueblo natal, Stratford-upon-Avon, cortometrajes proyectados en pantallas que mostrarán resúmenes de sus obras en las riberas londinenses del Támesis, nuevas ediciones y por supuesto, todo tipo de conjeturas y hallazgos más o menos fabulosos.
Como aperitivo, la fundación que vela por el legado shakesperiano en Stratford ha completado las excavaciones de lo que fue la cocina y despensa de la última vivienda que poseyó el genio, New Place. Será visitable desde la próxima primavera y permite fabular con la intimidad del genio, pues los arqueólogos han encontrado restos de utensilios para comer y cocinar, un pozo, la cocina, la fresquera y hasta lo que se supone que era el almacén para fabricar cerveza. Las catas han costado siete millones de euros, pagados en parte por la lotería del Estado.