ENTRE EL CALLEJÓN Y EL TENDIDO
- Se han cumplido cien años de la muerte de José Gómez Ortega “Joselito” Ortega en la Plaza de Talavera de la Reina.
Por: Saúl Salvatierra García
Estimados amigos, con el gusto de saludarles desde este espacio de Plaza Juárez. Indudablemente el acontecimiento taurino más importante de este 2020, es el Centenario de la Muerte de José Gómez Ortega “Joselito”, acaecida en la Plaza de Toros de Talavera de La Reina, provincia de Toledo, Castilla La Mancha, España, el día 16 de mayo de 1920, cuando el toro “Bailaor”, de la Viuda de Ortega le infirió una mortal cornada en el esplendor de sus veinticinco años recién cumplidos y mandando en la Fiesta Brava como ningún torero antes de él, lo había hecho.
La muerte en la Fiesta de Toros es una realidad tangible, siempre presente, tarde a tarde, desde José Cándido Expósito hasta Rodolfo Rodríguez González “El Pana” muchos han sido los toreros que han dejado su vida en los ruedos del mundo, pagando así la costosa cuota por alcanzar un lugar de privilegio en la Fiesta Brava. Eso, la posibilidad de que un torero muera en la arena, es lo que da sentido a la tauromaquia, una puesta en escena, que como ya hemos dicho antes, es real, sin trampas, donde los actores, cuando mueren, mueren de verdad, y quienes han decidido abrazar la profesión de toreros aceptan ese riesgo como posibilidad.
Sin embargo a lo largo de la historia del toreo se han registrado tragedias de muertes de toreros que no debían morir en las astas de un toro, el caso más significativo el de José Gómez Ortega “Joselito” o “Gallito”, hijo y hermano de toreros, siendo un niño demostró una capacidad sobrehumana para lidiar toros bravos, un torero poderoso, valiente, pero sobre todo con una afición una afición que no le cabía en el cuerpo, vivía las veinticuatro horas del día para la los toros, así se pudo enfrentar e imponer a todos los toreros de su época, dominando la Fiesta Brava hispana durante su corta vida, nadie podía imaginarse que un toro pudiera quitarle la vida al hijo de la “seño Gabriela”, de Juan Belmonte se podría esperar ya se había dicho en los inicios del trianero que quien lo quisiera ver se apresurara porque cualquier día lo mataba un toro, pero a “Joselito” no, no había esa posibilidad, si su madre misma lo había sentenciado “para que un toro corneara a José solamente que le tirara un pitón”.
“Joselito” se había apoderado del limbo taurino de su época, impuso toreros, ganaderías, alternantes, influyó en los criadores de toros de lidia para modificar sus hatos buscando un toro con mayor bravura, planteó el concepto de la construcción de las plazas de toros monumentales, en su afán de hacer popular la Fiesta de Toros, acercarla al pueblo, aumentando los aforos y reduciendo los precios de las entradas, se granjeó no pocos enemigos y se hizo de aquellos que habían afrentado a sus hermanos, sobre todo a Rafael “El Gallo”
La trascendencia de José no solo fue en adecuarse e imponer a una nueva forma de lidiar toros bravos, comenzando a torear en redondo, dejando de ejecutar las faenas de poder con pases de pitón a pitón y adorno, buscando parar a los astados para estoquearlos, la trascendencia de “Joselito” fue su amplia visión a futuro, un futuro que truncó el destino en las astas de “Bailaor” esa tarde aciaga del mayo de 1920, que Rafael Guerra Bejarano “Guerrita”, Califa del Toreo, sentenció en el telegrama del pésame a Rafael “El Gallo”, “Se acabaron los toros”; el aporte y trascendencia de “Joselito” en la tauromaquia queda de manifiesto con el hecho de que después de cien años de su muerte, en la Monumental Plaza de Toros de Las Ventas, cada aniversario se guarda un minuto de silencio.
Este año se habían preparado una serie de eventos para conmemorar el centenario de la muerte del Sevillano que revolucionó la Fiesta Brava que permanece vigente en la forma en que la conceptualizó, pero que ahora desgraciadamente se está viendo amenazada por un bicho invisible que la tiene contra las tablas, el mismo bicho que impidió la conmemoración de este centenario como “Joselito” lo merecía.
Pues así son las cosas en la más bella de todas las fiestas. Por ahí nos vemos ENTRE EL CALLEJÓN Y EL TENDIDO si Dios lo permite.