HOMO POLITICUS
Mientras el mundo en el siglo XXI debería ser el compendio de la ciencia y una racionalidad al servicio del hombre, la realidad es diametralmente distinta.
La crisis migratoria Siria ha puesto en vilo al planeta, al menos para aquellos que nos queda un mínimo de consciencia. Sin ir más lejos, el gobierno húngaro ha frenado violentamente la incursión de migrantes sirios a su país y los enfrentamientos han ido creciendo en medio de una política de endurecimiento en Hungría, cuestión delicada y que evidencia que el conservadurismo sigue estando presente en el mundo, aunado a una buena dosis de xenofobia.
Se sabe que han intentado ingresar a Hungría por lo menos 23 mil sirios, cuestión que denota la magnitud de este problema migratorio que debería tener toda la atención de Naciones Unidas, mientas que como de costumbre, esta organización sirve poco menos que nada. Lo inconcebible de esta crisis es la carencia de todo aliento de humanidad del mundo entero, que poco o nada se pronuncia por la búsqueda de proporcionar una solución a una situación límite, mientras que la brutalidad del gobierno húngaro, uno de tantos que presenta el arribo de migrantes sirios, es implacable porque inclusive está utilizando perros pastor alemán para contener la migración.
Sí a esto le sumamos que el propio parlamento húngaro ha decretado una serie de medidas antiinmigrantes, la cuestión se agrava. Empero, pese a que ya son varios países que reciben refugiados sirios, estos viven en condiciones precarias, la asistencia de los gobiernos europeos no ha sido la que se esperaba, en los hechos se sabe que reciben poco alimento y agua, que no cuentan con los elementos para su aseo personal adecuados y que esto puede desatar problemas de salud.
El alto comisionado para ayuda a los refugiados para Europa (ACNUR), Vincent Cochetel, junto con los pronunciamientos de Amnistía Internacional (AI), han insistido que las condiciones humanitarias a la migración siria son precarias y que el problema migratorio no se ha asumido de manera conjunta por los países europeos, cuestión que agrava en la medida que Hungría ha dejado ver que podría aplicar deportación a los refugiados sirios.
Con el beneplácito de diversos gobiernos europeos, Hungría se ha convertido en un verdadero muro de contención para Europa y de manera atroz se perfila en un símil de campo de concentración Nazi, cuestión que pocos quieren denunciar y mucho menos aceptar, pero que debería alertar a la consciencia mundial, si es que aún nos queda algo de sensibilidad y humanidad en el corazón y la mente.