Pido la palabra
La situación del obligado aislamiento por el que atravesamos puede sacar la mejor, pero también la peor versión de cada uno de nosotros; lo que en una situación ordinaria nos parecía normal, conforme transcurran los días se puede convertir en nuestro infierno si es que no trabajamos en una especie de autocontrol.
Hoy, la televisión y las redes sociales se han convertido en el principal medio de comunicación, en el primer caso, para escuchar las noticias, muchas de ellas sesgadas, del avance de la enfermedad y las recomendaciones; en el segundo, las redes sociales, para tener contacto con familiares y amigos.
Algunas personas me han comentado que apenas llevamos una semana de aislamiento y ya empiezan a odiar al teléfono, un repiqueteo permanente que no permite concentración y realizar el “home office” de manera eficiente; la NOM 35 STPS, seguramente va a estar bastante recurrida en esta temporada. Más aún cuando todos los que tienen una función de mando, aprovechando el sistema de comunicación pretenden hacerse presentes dando órdenes con tiempo de entrega casi de inmediato; ¡imaginen el nivel de estrés de aquel que está siendo saturado de actividades urgentes!
Esa saturación de actividades apremiantes que, en condiciones normales no lo eran, combinadas con el aislamiento, puede provocar otra crisis igualmente perniciosa, la crisis de valores, los cuales se pueden ir diluyendo conforme pase el tiempo y el encierro se vuelva un pésimo consejero.
La deshonestidad puede fluir, el egoísmo, la intolerancia, la indiferencia y la irresponsabilidad pueden ir ganando terreno; más aún, si vemos que las necesidades persisten, pero los ingresos se acaban.
Una crisis de valores que puede provocar una pandemia de antivalores, en donde la tesis de Thomas Hobbes se convertirá en la filosofía de convivencia: El hombre es el lobo del hombre. No es una visión catastrofista, ni tampoco una premonición de un gurú de barriada, mis comentarios los baso en lo que hemos visto recientemente: gente saqueando centros comerciales, aprovechando la situación de confusión en este tránsito de la vida cotidiana a la vida de aislamiento; gente que ve a los enfermos como sus enemigos, como si ellos fuesen responsables de haber adquirido el virus; líderes ineptos e irresponsables como el gobernador de Puebla, emitiendo “doctas” opiniones en donde prácticamente refiere a los ricos como el foco de la enfermedad, fíjense en esa opinión, no es cosa menor, pues dicho comentario fomenta el linchamiento en contra de un sector de la sociedad.
Necesitamos no perder el ánimo, no abandonar nuestros principios, la colaboración es fundamental en este momento, la empatía con los demás se debe convertir en el concepto de este trance. No es el cambio lo que duele, es nuestra resistencia a ese cambio lo que nos vuelve vulnerables; entre más rápido nos adaptemos, menos intolerante será nuestra sana distancia.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.