Home Nuestra Palabra Miguel Rosales Política a la mexicana…

Política a la mexicana…

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Quizá porque mi formación política tuvo como origen al sindicalismo independiente (el auténtico y no la caricatura burlesca que hoy nos presentan como sindicalismo), es que no puedo concebir el altísimo grado de sumisión que existe en algunos políticos que dicen ser luchadores sociales, la genuflexión de la que hacen gala no tiene límites, su sometimiento solo es la mochila donde guardaron los principios y valores que nos vendieron con sus falsos discursos, y que hoy, a fuerza de no usarlos, ese morral terminó siendo una carga que los ha llevado a arrastrase por el camino fangoso de la humillación.

 

 

 

 

Decía Sharada Prasad que “en política, lo que importa no es saber quién es quién, sino quien está con quien”, y eso es precisamente lo que están poniendo en práctica los ultras de cada Partido, van en direcciones opuestas a cualquier forma de dialogo; con el garrote en la mano, al acecho para asestar el golpe de odio, rencor, cargados de resentimiento y enajenados por ideas de venganzas; buscando, unos satisfacer egos, otros, marcar territorios de dominio, pero todos, usando a la política como un engaño que nos lleve a vivir del cuento de sus antagónicas visiones; cada cual cae en un fanatismo inducido y lo convierte en una falsa ilusión de la realidad.

 

 

 

Lo peor del caso, es que las posturas radicales de la mayoría de los que integran cada una de las facciones opuestas, no tienen su origen en el conocimiento de las cosas por sus causas, no corresponden a ideas que hayan surgido de su entendimiento; más bien, son conceptos inyectados por su chicharronera dogmática de ver a la política.

 

 

 

La inercia de sus miedos los ha vencido y llevado a conductas contradictorias en sí mismas, pues, en el foro, en la calle, en sus cargos, asumen posturas “grotescamente heroicas”, se desgarran las vestiduras y hasta el paroxismo aseguran defender al pueblo; pero en la intimidad del bunker del jefe, esos “aguerridos pusilánimes” muestran su verdadera faceta sumisa; decía O´Rourke que “no es malo que a los políticos les interese la gente, pero esto no siempre es una virtud, también a las pulgas les interesan los perros”, y eso es lo que han hecho algunos políticos defensores de nuestros intereses: chuparnos la sangre cual sanguijuelas a sus víctimas.

 

 

 

Liberales, conservadores, el clero, empresarios, organizaciones civiles, clientelas acarreadas, caudillos de seudo izquierda, mercenarios de la política; todos revueltos en una mezcla amorfa que ni el propio maestro Luis Alcoriza hubiese concebido en su sátira de la Revolución Mexicana; eso es precisamente lo que está pasando hoy día en nuestra cotidiana vida política; y si no fuera porque estamos hablando de nuestra realidad social, ésta comedia estaría para dar risa por las grotescas actuaciones de los personajes, pero no, la comedia se puede convertir en tragedia si no se toman acciones inmediatas y directas.

 

 

 

Una cosa es el ejercicio de la democracia y otra es el abuso que de ella se haga, más aún cuando dichas acciones son contrarias al espíritu de buscar consenso a través de la libre manifestación de ideas y la consecuente convergencia de principios; pues es claro que cuando los acuerdos obtenidos son resultado del ejercicio de la violencia y el uso del chantaje, éstos ya tienen un vicio en el consentimiento que los haría nulos de pleno derecho; y quienes obtienen asentimientos a través de métodos coercitivos, más que demócratas deben ser considerados como fascistas.

 

 

 

Temas torales para la vida nacional son utilizados como bandera política y partidista, no se busca un debate para llegar a consensos racionales que trasciendan en beneficio de la sociedad, se corre tras la especulación y la desinformación a efecto de hacer inalcanzable cualquier acuerdo y con ello acusar intransigencia.

 

 

 

El caso es aprovecha los sentimientos de miedo y frustración colectiva para exacerbarlos mediante la violencia, la represión y la propaganda  manipulada, y los desplaza contra un enemigo común real o imaginario, interior o exterior, que actúa de chivo expiatorio frente al que vuelca toda la agresividad de forma irreflexiva.

 

 

 

¿Cuándo será el día que en lugar de manotear, nos pongamos a analizar nuestras diferencias y con ello lograr acercamientos?.

 

 

 

Mientras el cenit de la lucha sea el poder, resultará prácticamente imposible lograr acuerdos de doble vía; todos querrán tener o mantener el control, que en palabras lisas y llanas, representa estar a cargo del poder económico y político, hacer y deshacer, mandar e imponer la voluntad del líder turno, ampliar y fortalecer su ámbito de influencia; nadie suelta el poder sin dar una cruenta lucha que terminará por debilitar la estructura que se defiende con uñas y dientes; la ambición termina por destruir al ambicioso.

 

 

 

No permitamos que los manipuladores sociales sigan envenenando nuestra voluntad; es inobjetable que habrá posiciones políticas que no sean de nuestro agrado, o que en verdad éstas lleven razones ocultas que a la larga desvirtuarán las posturas enunciadas; pero en nuestro estado de derecho nos hemos establecido los caminos para dirimir esa diferencias; no es la desestabilización social  la ruta que conviene a millones de mexicanos; es en el Congreso y no las calles en donde debe estar la respuesta, son los hechos y no los buenos deseos los que deben decidir las formas. Que los cambios sean para mejorar, y no solo la estrategia de los “cotos, los cuates y las cuotas”

 

 

Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está

 

Lic. Miguel:.Rosales:.Pérez:.