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ALFIL NEGRO

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PACHUCA… POR SIEMPRE PACHUCA
(descansa en paz Chemo)

PACHUCA…
Ahora que se fue El Chemo,
en ese juego travieso
que tenía para dar reglas
de las comas y los puntos,
le recuerdo oso de hierro
en defensa de Pachuca,
corazón de plata pura,
espada de sol y viento,
caballero y armadura
para frenar a bellacos,
que sin alma de las minas
usurpan historia y mito
de mineros barrenando
allá en Camelia, en Loreto,
o en Magdalena y la Hacienda.

Y Pachuca cobra vida
en San Cristóbal, y el Cuixi,
Santa Apolonia y El Lobo,
con sus mineros centellas
de oro y de fuego maldito
en El Bordo y en Santa Ana,
87 fantasmas idos
que la avaricia exterminan
dolor de barrena pura
y llanto de túnel ciego.

Es Pachuca, está Pachuca,
la de Madero y Guerrero,
la de Las lajas y Analco,
la que se muere en El Lobo
con el corazón herido
navaja cola de gallo,
oración en San Francisco,
naranjas en el mercado,
y pastes de papa  y chile
en el Primero de Mayo.

La que ruge en el estadio
y reclama le devuelvan
el Pachuca de los barrios,
que habla español con albures
sin el tono de argentinos,
nuevos amos de la minas
como fueron los ingleses
españoles y fuereños…
Es Pachuca la que brinda
con pulque y con cruzadas
en la cantina “El Lucero”, “Reina Xóchitl”
y “El Bigotes”, “La Estudiantina” y “El Güero”
y se olvida de sus males.

Ésta es Pachuca que duerme
al ritmo de las campanas
de su reloj corcel bravo
a lomo del viento loco,
que peregrina por siempre
por Madero y por Guerrero
y se duerme en Parque Hidalgo
y luego sigue rodando
luna de metal precioso,
por callejones de “El Mosco”,
de Cubitos barrio bravo,
mientras le grita la suerte:
Lupe Méndez billetero
que regalaba luceros
y estrellas de minas niñas,
mientras el Santo era un puño
de diamantes y de sangre,
Arena Afición de lucha
mil recuerdos que no mueren
Y el grito de “Santo, Santo”
Vibra en la arena de jueves…
Será por eso que nada,
ninguna ciudad del mundo
tiene lo que tiene siempre
esta ciudad de Pachuca.
Ni Madrid, ni Compostela,
ni Roma, ni Barcelona,
ni Buenos Aires o Ivalo,
allá en la orilla del mundo,
porque esta ciudad encierra
el mundo con nuestros hijos,
recuerdo con nuestros muertos,
sueños con la esposa amada,
la amistad de los amigos,
los fantasmas de mineros,
que siguen barrena en mano
en rebaje de leyendas
y porque muchos de nosotros
tenemos en los panteones
la tumba de nuestros padres,
de los hijos que se fueron,
de los amigos queridos
que un día se fueron de pronto
en barca de chinicuiles
y a gritos nos recuerdan
que un día también nos iremos,
con la esperanza muy fuerte
de que en las noches ya solos
nos brille y nos ilumine
esta luna de Pachuca.