Buen viaje, Don Anselmo Estrada
A Don Anselmo Estrada Albuquerque siempre se le agradecerá que haya sido tan generoso con un recién llegado a la ciudad de Pachuca, dispuesto siempre a leer con paciencia las crónicas que le presentaba, y tener una opinión directa, sincera, pero nunca lapidaria. Al contrario, pese a su gesto adusto y la corrección con tachaduras de bicolor y anotaciones, siempre guardaba un comentario final de aliento y la señal de que uno iba por buen camino.
Ayer que me enteré de su muerte, recordé y supe que tenía una vocación única de maestro. Nunca negó una clase de ortografía y redacción a quien se lo pidiera, y aunque duro en sus comentarios, tampoco olvidaba aconsejar la buena lectura, y escribir, escribir y escribir hasta que el texto lograra fluir con armonía, con inteligencia.
Hay personajes en la breve historia de vida que nos toca caminar, que se quedan para siempre porque saben compartir sus conocimientos, porque son sencillos como todos los que realmente conocen, los que valen la pena. Ajeno por supuesto a la presunción, Don Anselmo tenía autoridad entre todos los que nos dedicamos a este oficio, profesión o como usted quiera llamarlo. Autoridad cimentada en su amor entrañable por la ciudad de Pachuca y las palabras. Autoridad porque compartía con todos, porque nunca quiso situarse en un lugar aparte, porque era como los que siempre lo quisimos y reconocimos su talento y sabiduría, pero diferente. Era maestro real al alcance de la mano para buscar su consejo en el intento de entender no solo el manejo pulcro de la palabra, sino la vida misma.
Era sin duda un pachuqueño orgulloso de haber nacido en esta tierra mineral, y por lo mismo capaz de levantar la voz ante los atentados siempre frecuentes contra el rostro y cuerpo de La Bella Airosa. Conocía la historia hidalguense, la escribió, la convirtió en una de las publicaciones más hermosas, dedicadas a la Pachuca de sus amores.
Y sin embargo en los tiempos que una multitud de pobladores del entonces Distrito Federal llegaron a Pachuca luego del terremoto, don Anselmo fue el ser humano bondadoso, amable con los que habían perdido todo o simplemente huían del terror, del miedo.
Pocos seres humanos pueden partir tan tranquilos por haber cumplido su misión con creces. Don Anselmo sin duda logró su cometido, porque no hay una sola persona dedicada al ejercicio periodístico que no reconozca su valía profesional, su interés por mostrar el camino del buen escribir a quien le pidió ayuda.
Buen viaje.
Siempre le estaré agradecido, siempre le estaremos agradecidos porque nos mostró el camino luminoso de trasladar el pensamiento a la escritura, de hacer realidad los sueños en letras impresas, de creer en la capacidad que tiene la palabra de crear cuando se usa con limpieza y pulcritud, y destruir cuando no es así.
Buen viaje don Anselmo…
Mil gracias, hasta mañana.
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@JavierEPeralta