RELATOS DE VIDA
Los relámpagos, los truenos, la lluvia y el granizo, lo espantaron hasta el llanto, desde el primer sonido corrió con su mamá y se resguardó en sus piernas, para sentirse protegido del estruendo.
Casi media hora duró la fiesta del cielo, el mismo tiempo que se la pasó en el regazo de su madre, lloraba menos, pero el miedo no se le quitaba, estaba agarrado con tal fuerza que la dejó marcada, pero solo así se sentía seguro.
Al finalizar los estruendos y asomarse por la ventana, vió que todo estaba pintado de blanco, el granizo cubrió las calles, los techos, estaba impresionado, nunca había visto algo así, y la curiosidad lo llamó a salir, aunque su madre intentó persuadirlo de que el ambiente estaba muy frío por el hielo y podía enfermarse.
Después de unos minutos de llanto y berrinche, le pusieron un gorro, chamarra, guantes y botas para la lluvia y salieron con él para quitarle la tentación de tocar y sentir, fueron pocos minutos fuera pero para el pequeño fue una experiencia fría y emocionante.
La anécdota estuvo en su mente por varios días, mismas que contó en la escuela cada vez que podía.




