Eterna amistad…

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Pido la palabra

Años sin ver a algún amigo, personas a las que creías expulsadas de tu mente; te das cuenta que solo estaban encubiertas en algún lugar del olvido, en ese espacio recóndito, oscuro, pero firmemente agarradas de alguna pequeña luz de esperanza que les diera oportunidad de recordarnos que son entes vigentes de toda la vida.

Lazos inextinguibles nos sujetan a nuestras viejas amistades, alguna vez presentes todos los días de nuestra historia, y de súbito, desaparecieron de nuestras vidas; el tiempo desvanece sus imágenes, difumina sus rostros y en ocasiones solo nos queda en la memoria algún acto significativo que se nos revela por algún hecho entrelazado con circunstancias actuales.

Por ello es emocionante saber que los verdaderos amigos siguen ahí, tan vivos como ayer, perennes en nuestro andar; tanto como que una llamada, un face, o cualquier otra red, nos mueven viejas emociones; el saber que no hemos sido olvidados nos renueva y nos motiva a tampoco olvidar; la lealtad del pensamiento queda fuera del auto engaño, y de inmediato nos lleva a los momentos agradables y desagradables que juntos atravesamos; el polvo del camino hoy reflejado en nuestro rostro es parte de una historia comunitaria en donde los viejos amigos son parte trascendente a los tiempos.

El pasado es imposible de modificar, y después de todo, ¿para qué querer modificarlo?; pues ese pasado es el que ha forjado el carácter, ha templado la personalidad; y los viejos amigos son parte de la fortaleza de nuestras emociones; pues como reza el dicho: “lo bailado y lo comido ya nadie nos lo quita”; en efecto, recordar es volver a vivir; estrechar esas manos, dar esos abrazos, solo es comparable a la emoción latente de algún día volver a hacerlo.

No, no es vivir del pasado, los verdaderos amigos nunca lo serán; incluso aún cuando el tiempo determine que ha concluido el camino, la amistad es eterna y se materializa oportunamente en esa luz del recuerdo. Por ello, desde aquí, envío un abrazo a todos los amigos, tan individuales en su esencia, que por sí solos han influido en alguna parte de mi vida.

Porque al final, la amistad se convierte en un refugio silencioso que nos acompaña en cada etapa de la vida, y no nos debe importar la distancia ni los años transcurridos, ya que siempre habrá un instante en que esas memorias resurjan con fuerza y nos recuerden que seguimos siendo parte de una misma historia compartida, y con ello, estar convencidos de que la verdadera amistad nunca dejará de ser eterna

Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.

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