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martes, marzo 3, 2026

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TIEMPO ESENCIAL

Hace no mucho tiempo los pensadores se preguntaban cu l ser a el futuro de la humanidad. La respuesta, fuera negativa o positiva, inclu a una certeza previa: que pese a todos sus problemas, seguir a subsistiendo como especie aun cuando las condiciones futuras modificaran su conducta y, por supuesto, los resultados de su acción. 

Pero la pregunta que nos hacemos aqu es distinta. Ya no tratamos de saber qu futuro espera a los humanos, sino si los seres humanos tendr n un lugar en el futuro. Esta es la radical diferencia entre preguntar qu ser de nosotros en el futuro o si podemos contar con un futuro como especie. 

Las amenazas han estado presentes durante toda la historia de la humanidad, pero los avances de la ciencia, la democracia y el entendimiento entre lasínaciones, nos hicieron creer durante un largo lapso de la civilización moderna, que nuestro destino como especie estaba ligada al poder del hombre para saberlo todo y lograrlo todo por lo que las amenazas de un final  apocal ptico, parec an quedarse tan solo en las leyendas o las creencias religiosas de los pueblos antiguos, cada vez más olvidadas. 

Pero lo que viene sucediendo en los ltimos tiempos ya no es el final esperado que pudiera imponerse a los seres humanos por fuerzas ajenas a su voluntad; el proyecto que se levanta actualmente es totalmente diferente, en la medida que se basa en la posibilidad de prescindir totalmente del propio ser humano, por causas que sus promotores han decidido llevar a cabo sin importar las consecuencias que pueda tener sobre la existencia de la propia raza humaña.   

El ser humaño es la nica especie que lucha con todas las fuerzas a su alcance para destruir a su propia especie. En nuestros genes o la historia, está la posibilidad de que seamos nosotros quienes acabemos con nosotros mismos, sin que otros seres o especies lo hayan determinado. 

En el pasado, los seres humanos dejaron a la divinidad la posibilidad de salvarlos de sus enemigos o acabar con ellos con su bendici n; pero hoy, ese compromiso ha desaparecido. Los seres humanos civilizados, ya no creen que una fuerza trascendental se ocupe en salvarlos, porque descubrieron que no hay Dios que los proteja y dicte sus normas de comportamiento. La modernidad es la poca en que, como dir an sus fil sofos, el hombre llega a su mayor a de edad y es el arquitecto de su propio destino. Con esa confianza fil sofos como Kant apostaron a lograr una pax perpetua entre los individuos y lasínaciones mediante el di logo, la sensatez, y el sentido de hermandad entre los hombres. 

El deber se impon a racionalmente sobre el ser humano, más no en la pr ctica. Las guerras, conquistas y masacres entre los pueblos llamados civilizados, y de stos sobre los considerados atrasados fueron cada vez mayores. La ciencia contribuy a que los pueblos de raz sometieran a los pueblos naturales mediante armas cada vez más letales. La guerra, cient ficamente organizada, se llev a todo el mundo, y la modernidad concluy entre los oc anos de sangre tras dos guerras mundiales; la imposición del capitalismo sobre el resto del planeta y el sometimiento de la filosof a, la ciencia y la t cnica, a los designios de la ganancia econ mica obtenida mediante la explotación colectiva y maquinizada de la fuerza del trabajo. 

El hombre moderno transform el mundo someti ndolo a la fuerza de sus armas y la superioridad intelectual de su ciencia, y el dominio de sus paradigmas culturales. 

Al final de cuentas, las fuerzas generadas en ese proceso devinieron, en los ltimos a os, en un desarrollo de la tecnociencia (definici n), que escapa ya a toda posibilidad de control social; aunque no del de las fuerzas econ micas, pol ticas y militares que se han posesionado de las estructuras de los estados modernos, poniendo en crisis el sistema econ mico mundial nacido al calor de la concentración de la riqueza en manos de unos cuantos grupos y sujetos en el mundo, que a su vez tienen en sus manos:  a) el control de la  producción del conocimiento tecnol gico; b) el capital financiero internacional; c) los sistemas  educativo y de salud  tanto p blicos como privado y d) la red inform tica y los medios de comunicación tradicionales. 

Sin embargo, el sistema mencionado no podía escapar a sus propias contradicciones internas, y como todo modelo hist rico, ha entrado recientemente en un estado de crisis interna cuyas consecuencias aun no resultan de todo claros ni predecibles. 

La crisis, que ven a ya anunci ndose desde tiempo atr principalmente desde  2008-2009 en los Estados Unidos y otros escenarios mundiales vino a aflorar definitivamente con el ascenso al poder de Donald Trump, representante político directo de una fracción de la oligarqu a norteamericana, empe ada en frenar la decadencia del podeRío econ mico estadounidense, y poner un alto al ascenso de otras econom as emergentes, principalmente la China, que en poco tiempo alcanz el segundo sitio mundial de importancia y se encuentra a punto de desplazar a los Estados Unidos como la primera. 

El fondo de la lucha entre esas potencias es, sin embargo, la carrera por dominar las tecnolog as más avanzadas, pues quien las posea o domine su producción tendr una ventaja competitiva sobre las demás potencias.

La lucha por la ventaja tecnol gica es una carrera entre ambos bandos para levantarse con la victoria, aunque no para la humanidad, pues más all de los posibles vencedores como de vencidos se encuentran esos cambios acelerados en la t cnica y la ciencia, dejar n para la vida humaña y planetaria de nuestro tiempo y el futuro. 

Nos encontramos pues, situados en una poca a la que se le comienza a identificar de transhumanista, en que el destino y la vida del ser humaño se supedita ciegamente a la l gica del desarrollo tecnol gico para la competitividad y la ganancia econ mica. La ciencia como campo aut nomo de b squeda libre y confiada al bienestar humaño ha desaparecido.

Hoy, la figura del gran cient fico humanista sacrificado en la b squeda del bienestar social ya no existe. Gan al final de cuentas la profec a del monstruo del doctor Frankenstein (Mary Parker Shelley) que tanta angustia  caus a los lectores en el siglo XIX, y que ahora  vuelve a surgir al observar a la ciencia completamente desprendida de todo control social, dirigida a producir suced neos de las funciones humanas cada vez más especializadas, eficientes y eficaces, mediante la  automatización, robotización y en estos momentos la inteligencia artificial: el pen ltimo reducto de la naturaleza humana, antes de que las m quinas desarrollen su autoconsciencia y capacidad de tomar decisiones propias, las que no tardar n en desarrollar  entes post humanos independientes. 

De ser así lugar le queda al hombre en el concierto de la realidadíactual ya deshumanizada al extremo?   Al parecer, tan solo desapareceRío ser exterminado. 

Pero esa decisi n no es a n de las m quinas, sino de quienes se han propuesto desarrollar todas las potencialidades humanas y ponerlas al servicio de un objetivo cremat stico o un proyecto humanista. 

No es pues, una pregunta de respuesta f cil la que ocupara la mente y la acción de la humanidad los pr ximos a os. Es posible que en poco tiempo los artefactos aut nomos y la inteligencia artificial ocupen el lugar que los seres humanos todavía tienen en el sistema productivo. 

Pero las m quinasíno producen ganancias por s mismas, tiene por necesidad que haber seres humanos que vendan y compren lo producido por ellas para reproducir su existencia, y si los seres humanos se vuelven prescindibles no habr quien reproduzca e incremente el capital. Pues una m quina no puede comprar y crear plusval a por s misma. 

n lo har a entonces? el ser humaño seguir siendo necesario para el capitalismo o este se reproducir autom ticamente?

Estas y otras interrogantes asaltan el pensamiento humaño de nuestro tiempo. Frente a la inevitabilidad de una tragedia que ya está en curso en distintos planos la deshumanización culminante en el capitalismo hasta su plena desaparici , se levanta el principio de esperanza (Ernst Bloch), la convicción de que el futuro de la humanidad se alcanzar por la humanidad misma, y no por los artefactos que ella produce, para bien o para mal. 

Pero esta es ya una utop a a la que quien escribe quiere, desea, busca aferrarse y buen tema para continuar dialogando pr ximamente con nuestros estimados lectores de Tiempo Esencial en las p ginas del Diario Plaza Ju rez.   miguelseral@gmail.com

Mayo 2025

» Hay un futuro para la humanidad? publish

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