CONTORNOS LITERARIOS
Título del libro: Cállate niña
Autor: Rodolfo Naró
Editorial: Ediciones B
Año: 2011
Cuando leí este libro por primera vez tenía 14 años y recuerdo que me impactó, pero desde un lugar muy distinto, como si todo fuera lejano, incluso exagerado, como algo que podía observar sin que realmente me tocara. Volver a “Cállate, niña”, de Rodolfo Naró, ahora, fue otra cosa, porque hay momentos en los que sin darme cuenta me vi reflejada, no en la historia tal cual, sino en ciertas formas de sentir, de quedarme, de justificar, y creo que ahí es donde el libro deja de ser solo una novela y empieza a incomodar de verdad.
La historia sigue a una protagonista que crece entre ausencias, excesos y contradicciones, marcada desde el inicio por la muerte de un padre que nunca estuvo realmente presente y por una madre que se mueve entre la religión y las adicciones, lo que termina por construir un entorno inestable desde el cual la protagonista empieza a relacionarse con el mundo, primero desde la disciplina del ballet y después desde vínculos que no siempre parten del deseo de quedarse, sino de la necesidad de sentir algo, aunque eso no siempre sea bueno.
A lo largo del libro, las relaciones no se construyen desde la calma ni desde la certeza, sino desde una intensidad que por momentos parece sostenerlo todo y al mismo tiempo desgastarlo, porque hay algo en la forma en que la protagonista ama que no termina de encontrar equilibrio, como si quedarse y perderse empezaran a parecer lo mismo, como si irse tampoco fuera una opción tan clara.
Durante mucho tiempo confundí el amor con aguantar, y leer esta historia desde ese lugar hace que ciertas escenas pesen distinto, porque ya no se sienten lejanas ni exageradas, sino cercanas, incluso familiares en algunos momentos, como esas dinámicas que se sostienen por costumbre, por miedo a estar sola o por la idea de que querer a alguien implica resistirlo todo.
La novela se mueve entre espacios que no ofrecen demasiado refugio, donde todo parece estar al límite, no solo los lugares, sino también las decisiones y las formas de vincularse, y en ese contexto el amor no aparece como algo que ordena o tranquiliza, sino como una fuerza que desborda, que arrastra y que deja marcas que no siempre se alcanzan a nombrar.
Hay algo muy particular en la forma en que está escrita, porque no hay filtros ni intención de suavizar lo que se cuenta, el lenguaje es directo, a veces incómodo, y el cuerpo, el sexo, las adicciones y la violencia emocional aparecen sin disfraz, lo que hace que la lectura por momentos sea difícil de sostener, pero también muy honesta, como si el texto no quisiera proteger al lector de lo que está pasando.
Más que una historia lineal, “Cállate, niña” se va armando en fragmentos, en momentos que dejan ver una vida que no termina de acomodarse, y aunque no hay un cierre claro ni una sensación de resolución, lo que queda es otra cosa, una especie de eco que sigue presente incluso después de terminar el libro, como si algo de lo leído se quedara dando vueltas.
Tal vez por eso no es una historia fácil de soltar, porque no habla solo de una vida, sino de muchas formas de amar, de resistir y de romperse en el intento, donde el deseo y el dolor terminan por confundirse y donde, a veces, quedarse también implica perderse.
Yadira Itzel Corona Maya es licenciada en Ciencias de la Educación y estudiante de la Maestría en Ciencias Sociales. Investiga transformaciones educativas en el contexto pospandemia y ha participado en congresos y proyectos académicos.




