RETRATOS HABLADOS
Nunca en toda la historia de la humanidad, hab a existido la necesidad de invertir tanto, desplegaRíoperativos monumentales, para crear el escenario justo y de nivel, en que reapareciera un personaje de la pol tica mexicaña. S , querido, incluso idolatrado por un gigantesco n mero de personas, pero tambi n todo lo contrario, por quienes, evidentemente, son minor a. La lucha entre ambas facciones se antoja eterna, una historia interminable, que solo eleva a s el peso espec fico del ex presidente de M xico.
Porque presentarse en las elecciones judiciales, de ninguna manera fue una mera ocurrencia, que esas son para megaobras sin destino. Por el contrario, con esa intuici nica para estar en el lugar y la hora exacta, sab a que el proceso electoral para enterrar el antiguo sistema judicial, y de este modo caminar qui n sabe hacia d nde, le necesitaba, resultaba vital su presencia.
Autor de principio a fin de la elección de ayer, el hombre más poderoso de los ltimos tiempos en el pa s, sab a que era su deber hacer acto de presencia y avalar, con esa simple acción, algo que ser a muy complicado recibiera el visto bueno legal en un pa s imaginario donde la ley debiera ser la ley, a estas alturasí eslogan de conservadores irracionales, aliados de la corrupci , seg n rezan los coros que lo alaban.
Vivimos una jornada electoral que para muchos ya tiene un juicio en la historia inmediata, pero que tendr que esperar mucho, mucho tiempo, para descubrir si solo deriv en una impartición de justicia a n peor que la pretendía extinguir.
No hubo emoción, porque el mar de competidores, la imposibilidad de conocer a los que pudieran tener nuestra simpat a, dej de lado ese esp ritu competitivo. Vaya pues, equivalente a una carrera ciclista, en que ninguno de sus participantes pudiera ser identificado ni por nombre, ni nación que representara, y solo un n mero que debe cuadrarse con una lista de miles, que finalmente dejan en la duda y zozobra al porrista, que termina por clamar: yo le apuesto al que gane! .
Asistimos ayer a una elección hist rica, in dita, s , porque nunca se hab a realizado.
Ser en muchos a os cuando tengamos la constancia, si esa historicidad, tiene como resultado un nuevo pa s lleno de justicia y honestidad, donde el que la haga la pague y el que la pague sea ejemplo para que nadie se atreva a robar, traficar, extorsionar, asesinar, maltratar a un semejante.
Ser n muchos a os tambi n, tal vez menos, para saber si result todo lo contrario, y los peores presagios se cumplieron, todo y las exageraciones que circundaron la opini n de ambos bandos, porque muy seguramente no llegaremos al cielo, pero, así lo espero, tampoco al infierno.
Es muy usado en las redacciones de la nota policiaca, cuando algo grave sucede en un día a una o varias personas, empezar as en una tarde para el olvido .
El hecho es que ayer, pese a los esfuerzos de sus promoventes, los comicios judiciales est n en ese rumbo del olvido, pero no sus consecuencias. Las habr y fuertes, para bien o para mal.
Porque sin duda la historia que hoy empezamos es otra. No de perdición, porque el antiguo sistema judicial padec a de terribles problemas de corrupción, de negligencia, de atrasos en solución a casos. Pero era perfectible, si hubiera existido voluntad pol tica.
Ahora es otra historia, porque no es perfectible lo que se acerca a lo perfecto, gracias a la decisi n, siempre así se dice, del pueblo, de las mayor as. Y cuando las mayor as se inclinan hacia un lado del camino, no hay forma de que alguien pueda hacerles entender que se equivocaron.
Buen camino a todos. Esta historia empieza hoy.
Mil gracias, hasta ma ana.
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