ESPEJOS DE LA REALIDAD
«A los dieciocho no se entiende nada. Se cree que se sabe, y por eso se vive con más intensidad que certeza»
Aprender a leerte, Valentina, ha sido un placer. Con todo lo que eso implica.
Cuando le
ste mi diario rosa
de peluche, con la princesa Aurora en la portada
, me reclamaste lo poco que te mencionaba. tenía apenas diez a
os cuando me enter
de que mi hermana, la mayor, la que me dec
princesita
, iba a ser mam
. No podía mencionarte. Para m
, eso era admitir que alguien más ven
a a ocupar el lugar que con tanto esmero hab
a construido: con coreograf
as de Britney Spears y ese griteRío que siempre me ha caracterizado.
Entonces llegaste. Y mi mundo se volte
.
Una beb
a la que hab
a que cortarle los mamelucos porque su cabeza no cab
a por donde deb
a entrar. Una cunita transparente. Una sabanita rosa. Tus manitas enroscadas. El silencio. Qui
n sabe qu
cambi
en m
quiz
el balonazo que me dieron en el recreo justo antes de que nacieras
, pero el miedo a sentirme desplazada se me borr
. Y apareci
otra cosa: el amor. De ese que cuesta explicar.
Fuiste creciendo. A los siete ya sab as hacerte el desayuno. Lo que al principio era timidez para hablarle a los meseros se volvi seguridad. Te quedas viendo a las personas con una intensidad que a veces las hace desviar la mirada. Lees r pido. Lees todo. Lo que falta y lo que sobra. Tienes los ojos de tu abuelo: ojos que entienden sin que nadie diga nada.
Ahora, en unos días, vas a cumplir dieciocho.
La mayor
a de edad, dicen. Como si eso trajera consigo el entendimiento, el rumbo, las respuestas. Pero no. A los dieciocho no se entiende nada. Se cree que se sabe, y por eso se vive con más intensidad que certeza.
Y yo, desde ac
, sigo tratando de aprender a leerte.
Porque contigo nada es fijo. Hay ma
anas en las que pareces transparente, f
cil de entender. Luego pasa el día y algo en tu mirada cambia, y tengo que volver a empezar. Hablar contigo puede sentirse como caminar en terreno conocido o como entrar a un lugar nuevo con los ojos vendados.
Te leo, pero tambi n me equivoco. Me adelanto. Me salto cosas importantes. Me invento sentidos que no eran. A veces quiero ayudarte sin que me lo pidas. Otras, te entiendo aunque no digasínada. Estoy aprendiendo a dejar espacio. A no llenarte de palabras que no necesitas.
No s se espera a los dieciocho. A esa edad una puede querer escaparse de todo, o quedarse justo ah donde la quieren. Hoy no quiero darte consejos. Solo decirte algo que ojal no olvides: no te sientas obligada a tener todas las respuestas. El mundo ya hace suficiente presi n con eso. T siembra preguntas. Las tuyas. Cu dalas. Riega las que te emocionan, y tambi n las que te dan miedo. Y ve qu florece.
Y si un día no sabes c
mo leerte
porque pasa, y va a pasar
, acu
rdate que aqu
estoy. Con este diario invisible donde te escribo y te leo, aunque no siempre sepa por d
nde empezar.
Mientras tanto, voy a seguir ley
ndote. Siempre.
Te amo, Valentina.
Feliz Cumplea os Valentina publish



