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PEDAZOS DE VIDA

“Bien me lo dijo mi papá”, se repetía Julián al recibir el rechazo de sus hijos a quienes descuidó pese a tener cercanía, su egoísmo y machismo adoptado por ignorancia, lo llevaron a humillarlos y lastimarlos durante mucho tiempo con acciones y palabras.

Jamás entendió las enseñanzas que su padre inculcó a él y a sus hermanos, al ser el más pequeño, su razonamiento su enfocaba en vivir de manera extrema, sin responsabilidades ni obligaciones.

Don Manuel, el jefe de la familia, siempre buscó dar buen ejemplo a sus cinco hijos varones, les mostraba con el ejemplo la importancia del trabajo honesto y nunca faltar a la casa.

Las charlas sobre sus experiencias de juventud, habitualmente terminaban en una moraleja, y en las enseñanzas que le brindaban cada una de las situaciones a las que se enfrentó, ya sea por inmadurez o por alebrestado.

Sin embargo, siempre recalcaba la lealtad y el respeto a la familia, enfatizando en la frase “cuiden mucho lo que hagan de jóvenes, porque los años y la vida cobran factura, y cuando quieran solucionarlo probablemente sea tarde”.

Julián, considerado el rebelde de la casa, tuvo varias parejas, así como hijos, cumplía con la parte económica pero no con la emocional, estaba en constante contacto pero no en cercanía, los humillaba, lastimaba y muchas veces les aplicaba la “ley del hielo”, si no estaban de acuerdo con algunas de sus acciones o palabras.

Eso incluía no asistir a sus graduaciones o fechas importantes, evidenciarlos frente a la gente o insultarlos de la nada, situaciones que con el paso del tiempo hartaron a los hijos hasta dejar de verlo y hablarle.

El hecho poco le importó, mantenía una vida de soltero y conquistador, hasta que la vida le mostró que la había desperdiciado con banalidades, se encontraba solo, nadie estaba al pendiente.

Llevaba varios días hospitalizado tras sufrir un accidente automovilístico, avisaron a todos los contactos que proporcionó, pero nadie asistió, su permanencia y su alta la pasó en total soledad.

Luego de recuperarse completamente, inició una ruta de perdón con sus hijos, pero con todos el rechazo fue evidente, perdonaron por educación pero le recordaban que no era necesario en sus vidas y no querían volver a verlo.

Ante el desprecio, las palabras de Don Manuel resonaban con más fuerza, hizo un balance de su futuro, y al reconocer que moriría sin compañía y que a nadie le importaría, sujetó una soga del techo y, sin más, se colgó.

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