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lunes, febrero 23, 2026

Aristóteles y las plurinominales

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TIEMPO ESENCIAL 

Analizando más de 40 constituciones de ciudades griegas, Aristóteles concluyó que ellas constituían un verdadero entramado de poder  para favorecer a una clase o estamento social mediante leyes favorables a sus intereses.

Esta teoría fue, durante siglos, la regla de oro para entender no solo la base constitutiva del orden legal sino la  estructura de poder que sostiene la vida política, económica y social de las ciudades.

Así entonces, las constituciones de las polis en las que la tierra  era propiedad de unos cuantos, ordenaban que no pudieran venderse, prohibición que garantizaba el poder de los aristócratas, sin importar los efectos positivos o negativos sobre cada uno de ellos, mientras la ley de hierro  no se tocara. 

Pero las otras clases también pugnaban por sus intereses y así, los grandes mercaderes (oligarcas),  utilizando su poder monetario, lograron que la constitución reconociera el “derecho” de todos a vender sus tierras, permitiendo que, a través de la ley de oro, los aristócratas las perdieran, despojándolos del  poder que gozaron durante siglos, y entonces, la oligarquía se constituyó en la clase gobernante. 

Por último: cuando la propiedad agraria o el dinero dejaron de ser el valor determinante, debido a la necesidad de mano de obra especializada o la defensa de la ciudad exigía el concurso de todos sus habitantes, entonces el poder de los artesanos, marineros, pequeños comerciantes o soldados de línea, ganó terreno como sucedió en la Atenas de los siglos VI a IV  a.n.e. 

Así que la determinación de la clase o conjunto de clases beneficiadas  será el propósito fundamental de toda  constitución en cualquier tiempo y circunstancia, aunque la ideología, rigor técnico y los enredos legislativos intenten ocultarlo. 

He ahí la clave aristotélica para comprender el meollo de toda discusión política y legal, en torno a los cambios constitucionales aún en nuestros días. 

El capitalismo moderno cambió  el orden de prioridades, considerando  la economía de mercado (La riqueza de las naciones de Adam Smith) como la base de la organización política y legal, sin reparar en las desigualdades de clase en la que dicho sistema se apoya. 

Por su parte, Carlos Marx recuperó la perspectiva aristotélica, solo que en el marco de las relaciones de trabajo y la lucha de clases como motor de la historia humana.

Pero como Aristóteles y Marx estorbaban sus intereses, la explicación clasista de la organización política dejó de tomarse en cuenta durante el neoliberalismo (gobierno de la oligarquía mundial) perdiéndose un valioso instrumento de análisis para las clases populares.  

Un ejemplo  del poder explicativo  de la teoría  enunciada lo encontramos en la actual Constitución Mexicana,  que establece  la composición de la Cámara  de Diputados con 300 diputados de representación directa y 200 de representación proporcional, “pluris”, creada dizque para “dar representación a las minorías”; reforma que en realidad tuvo el efecto contrario, puesto que esas diputaciones jamás llegaron a los pueblos indígenas, migrantes, obreros, jóvenes o desempleados y  por lo contrario, permitió  el surgimiento de lo que hoy se conoce como la “clase, casta política o mafia del poder en México”, una minoría privilegiada que desde entonces impide el retorno  de la representación directa garantizada  por la Constitución de 1917. 

De ahi que la razón para eliminar las plurinominales no se reduce a su costo o inequidad representativa, sino a la sobre representación de la clase oligárquica y de la “mafia del  poder”, que impiden los cambios favorables a la clase popular. 

En síntesis,  la iniciativa de reforma de Sheinbaum, reduciría el poder clasista y a las mafias que sirven al poder del dinero,  posibilitando  un sistema electoral que responda  a los intereses del demos que, a pesar de los avances obtenidos,  en los hechos no detenta el poder que formalmente se reconoce a las mayorías en  nuestra  Constitución. 

De ahí la resistencia de la casta política incrustada  en todos los partidos (incluso Morena) que buscan sabotear el proyecto presidencial y la voluntad ciudadana, por el peligro que supone a su existencia.  

Para algo sirve estudiar a Aristóteles y otros viejos filósofos políticos como Montesquieu, F. Lasalle o al propio Marx, quienes de manera clara y objetiva, conformaron estas explicaciones, sin que los sofistas y demagogos contemporáneos hayan podido rebatirlas. 

Hay que leer, amigos y amigas, y no quedarnos en el puro reniego whatsapero. Leer, reflexionar, dialogar y actuar en consecuencia. 

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