RELATOS DE VIDA
Fue uno de esos días en los que se levantó como se dice coloquialmente con “el pie izquierdo”, apagó la alarma por el cansancio acumulado de la semana, al levantarse de rápido se cayó de la cama, y al reincorporarse pisó los orines de su mascota.
No le daba tiempo de bañarse, limpió sus pies, se alistó y gritó a sus padres “ya me voy”, para salir corriendo a tomar el transporte y llegar a la escuela, le tocaba una exposición en la primera clase y la relación con el profesor no era del todo buena.
En el trayecto repasaba la parte que le correspondía para su exposición, y ya casi por llegar al destino recordó que no había tomado su cartera, pidió la parada y con más prosa que vergüenza le explico al operador la situación y prometió pagarle después, y volvió a salir corriendo.
Por la apuración cruzó el semáforo y fue detenido por un ciclista que también buscaba ganarle el paso a la alerta ámbar, ambos volaron y quedaron tendidos en el asfalto, hasta que unos testigos del hecho se acercaron a auxiliarlos.
na vez seguros en la banqueta, revisaron sus golpes y se ofrecieron una disculpa por la distracción que ocasionó el accidente, el encuentro no solo fue físico, sino también emocional, y bajo el argumento de pagar los daños de la bicicleta intercambiaron números para llegar a un acuerdo.
Por la noche se contactaron y decidieron verse al día siguiente en un ambiente diferente, sin prisas, tan solo el dolor de los golpes y dispuestos a llegar a buenos términos.
A la mañana siguiente la platica no tuvo nada que ver con el accidente, pero sí con lo que despertó en ellos, y la reparación de daños seguía siendo un justificante para volver a encontrarse y después de hacerlo por varios meses, ahora salen a rodar juntos y su flechazo es la historia favorita en todas las reuniones.


