Alejandro Wong

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LAGUNA DE VOCES

Alejandro Wong era un apasionado de la radio, poseedor de una espléndida voz y, sobre todo, un hombre con la capacidad de abrir los micrófonos de su estación, la NQ, a voces de todas las corrientes políticas, porque creía profundamente en la pluralidad de ideas. Mi hermano Adalberto lo estimaba y eso, por principio de cuentas, para mi resultaba una garantía real de que estaba ante una buena persona, como lo pude comprobar en tantos años que lo conocí.

Siempre que lo veía, me anunciaba alegre, que había recibido la aprobación para incrementar la potencia de su emisora. En broma le comentaba que seguro, en poco tiempo, llegaría hasta los confines del sistema solar y él, siempre dispuesto a bromear, me comentaba que quién sabe, a lo mejor podría escucharla en otro universo cuando llegara el momento.

Estoy seguro que así será, porque en la vida uno se encuentra pocas veces a quien ame entrañablemente su trabajo, su espacio que hacen única casa en la Tierra, y desde donde se asoman cotidianamente a mirar las mañanas, tardes y noches. Amaba su estación, que nunca se cansaba de presumir.

Lo mismo decía del Sistema Estatal de Radio, al que le dio vida, cobijó con cariño y que dejó caminar solo, cuando estaba seguro era indestructible, hasta que pasó lo que pasó, ¿cómo ve don Alejandro?, le pregunté la última vez que lo vi respecto a la pérdida de varios de los permisos por no haberse hecho a tiempo la renovación. Su respuesta fue simple, concreta, directa: “¡son chingaderas que por irresponsabilidad se pierda algo que tardamos tanto en construir!”.

Fumador empedernido durante buena parte de su vida, un día que platicamos le pregunté cómo pudo dejarlo casi de la noche a la mañana, “no hombre, si no fue por gusto, con lo del corazón era dejar para siempre el humo o esperar a que algo grave me pasara, y a mí me gusta mucho la vida”.

Son muchos los que hoy mismo dan testimonio de su profundo amor por la radio, que aportan datos de su vida (hoy mismo me entero que era desde niño un buen pianista), son muchos los que saben que hasta el último momento se sintió orgulloso de haber dado vida al Sistema de Radio Hidalguense, y guiar, día y noche, su estación, la NQ “La voz de la provincia desde la provincia”, que posteriormente cambió su eslogan por, “La Radio sin Límites”.

Un abrazo a toda su familia, y a quienes aprendieron de un hombre que sabía, y mucho, de lo que es la radio.

Mil gracias, hasta mañana.

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