RELATOS DE VIDA
El viento frío de la mañana lo despertó antes de tiempo, ahora no había sido el gruñir de barriga por el hambre, sino lo gélido del ambiente, pese a que ahora estaba más abrigado que otros días, con más cartones, periódicos y una cobija que un buen samaritano le regaló.
Aún estaba oscuro, pero le daba la oportunidad de llegar antes que sus demás amigos de la calle, a revisar las bolsas y tambos de basura para recolectar pet, plástico o cartón para vender, y con suerte, encontrar ropa, algo de comida o incluso unos zapatos viejos que pudiera usar, para caminar más cómodo y realizar la faena del día.
Recorrió alrededor de tres cuadras, en las que husmeo en por lo menos 10 tambos y 20 bolsas para basura, de ahí juntó material que se traduciría en casi 300 pesos, para el alimento del día; pero aún era temprano, así que siguió en las siguientes cuadras, después de haber desayunado una torta de tamal y un atole.
En el posterior recorrido, ya con el estómago satisfecho, continuó con la recolección para garantizar lo del día siguiente, y en la esquina observó casi una docena de bolsas apiladas en un poste de luz, buscó pacientemente y en el interior de la última, la suerte lo sorprendió, estaban un par de tenis, bastante buenos para él, solo estaban un poco desgastados, y para fortuna eran de su talla.
Después de cerrar bien la bolsa y acomodarla en su lugar, se sentó en la banqueta para calzarlos, respiró y agradeció mirando al cielo por el gran hallazgo, y se dispuso a caminar para comenzar a encontrar el refugio, una esquina, un puente o la misma banqueta, que lo cobijarse en pocas horas, después de ir a recoger el dinero por la faena del día.
Ya con el dinero en el bolsillo, alimento para la comida casi cena y el espacio idóneo para descansar, acomodó su lugar con un par de cartones y la cobija donada, disfrutó el alimento y abrazado de su mochila se dispuso a dormir, para empezar el día temprano como lo había hecho.
El clima fue gentil con él, le permitió dormir sin contratiempos, aunque abonó para que despertara más tarde de lo previsto, y con la sorpresa que otro compañero sí lo había hecho temprano, y aprovechando su profundo sueño, lo despojó de sus tenis nuevos.
Después de unos minutos de coraje y berrinche, recordó que había conservado los viejos, re viejísimos, los calzó y empezó el día con la esperanza de correr la misma suerte que el día anterior, y en el trayecto no dejaba de repetirse que al que madruga… corre la suerte de encontrarse unos tenis.




