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miércoles, marzo 4, 2026

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RELATOS DE VIDA

Por seis meses luch con las pocas fuerzas que le quedaban, tenía fe en que ese no era su fin, pero a su alrededor todo era muerte y desesperanza.

Roberto trabajaba en la construcción, o al menos, es a lo que se dedicaba hac a medio a o, disfrutaba lo que hac a, y agradec a por la oportunidad de trabajar y llevar el alimento a su casa.

Don Robert, como le llaman en cada obra, es el alma del trabajo, siempre lo han visto gustoso, alegre, sin temor, y con mucha experiencia que no duda en compartir con todos sus compa eros, principalmente con los j venes.

Justo en uno de esos días en los que platicaba con uno de sus compa eros m venes, tuvo un descuido al momento de hacer la instalación el ctrica, y recibi una descarga que lo dej tirado en el piso, con quemaduras que a simple vista se ve an de consideración.

Los doctores, seguraban que por el tipo de quemaduras, seria dificil que sobreviviera al accidente, por lo que los familiares y amigos, trabajaban en la idea de no volverlo a ver,  aunque  mantenían la fe de poder disfrutar de su alegr a otra vez.

Hab an pasado cerca de cinco meses, cuando recobr el conocimiento, y entre el ruido del hospital, alcanz a captar la voz de su esposa, que preguntaba por el avance m dico, y tambi n la voz de un hombre que le respondia que no hab a muchas esperanzas.

Fue ese momento que lo hizo abrir los ojos y empezar a balbucear, para llamar a esa mujer que se notaba preocupada y demostrar que estaba vivo, y que no pensaba quedarse postrado en esa cama que alberg su cuerpo por mucho tiempo.

Fueron las ganas de seguir adelante y pasar m os con su mujer, lo que lo impulsaron a terminar de recuperarse en un mes más, y aunque sali en silla de ruedas porque su cuerpo estaba atrofiado, con el paso del tiempo recobr la movilidad.

Cuando contaba la historia, nadie podía creerle a Don Robert que siguiera vivo, y a n trabajando en la construcción, sin miedo, como si nada le hubiera pasado, porque mantenía firme su alegr a y fe.

Desde entonces combinaba su rutina laboral, con acciones altruistas, visitando zonas vulnerables, Casas de día para adultos mayores y encaminando j venes por el buen camino, sab a que su misi n era ayudar a la gente, por eso una descarga el ctrica no podía quitarle la vida, ni las ganas de servir a sus semejantes.

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