Impulsa ihe lectura y escritura en educacion basicapost
RETRATOS HABLADOS
se hace a la hora de morir? Se vuelve
la cara a la pared?
Se agarra por los hombros al que está cerca y oye?
Se echa uno a correr, como el que tiene
las ropas incendiadas, para alcanzar el fin? .
así escribi Rosario Castellanos. Y el texto po tico es uno de los más hermosos que se haya hecho con referencia a la muerte.
Sin embargo, estoy seguro, una reacción constante en la vida simple, es que no deseamos irnos, ni ahora, ni despu s, y tal vez nunca.
La muerte en el quehacer político, es ya no aparecer en el centro del escenario, dejar de ser Roma, a donde conducen todos los caminos; SER pues, porque el que ya no se ve todos los días, ya no opina, ya no decide, simplemente deja de existir, muere.
Y si en la vida cotidiaña y simple, nadie se quiere morir, mucho menos en los escenarios del poder, porque el poder concede el favor de la eternidad, de que pasen a os, lustros, d cadas, siglos, milenios, y el que pensaba retirarse al descanso eterno, sigue ah , en el lugar seleccionado para los semidioses, los que no solo hacen la historia, sino que son ellos mismos la historia viviente.
Por eso, el pr ximo martes, cuando el presidente Andr s Manuel L pez Obrador, entregue la banda presidencial a su sucesora, Claudia Sheinbaum Pardo, podemos estar seguros que no volver la cara a la pared, ni agarrar por los hombros a quien tenga cerca, ni mucho menos se echar a correr como si tuviera las ropas incendiadas.
No, el jefe de la Naci s poderoso de los ltimos tiempos, habr apretado el bot n de una gigantesca maquinaria que, precisamente en ese instante, en ese nico fragmento de tiempo que nadie puede ver, pero todos jurar an que lo sintieron, la tierra de la Ciudad de M xico marcar con un jal n de sus entra as, -como los sentidos lasí ltimas horas-, el principio de una nueva era, la Era de las Eternidades, largamente olvidadas, pero que construyen leyendas en un pa s como el nuestro.
Morir, nadie quiere, mucho menos en pol tica, mucho menos en el poder. Porque aparecen las herencias que todos peleamos hasta el ltimo suspiro para que se queden en manos de nuestros leg timos herederos, y así se asegure el legado por los siglos de los siglos. Morir pol ticamente es un sacrilegio, una blasfemia para quien construy un nuevo universo sobre las ruinas del que destruy , pero que una y miles de veces se afirma, le afirman, es casi el para so en la tierra. Y no, de ning n modo puede siquiera pensar en dar motivo para que se atisbe siquiera la posibilidad de guardar duelo por su partida.
n ex jefe del pa s cualquiera, sin duda es posible adivinar que luego del ritual en que transfiere sus poderes al sucesor, cumplir paso a paso el calvario que cuenta Spota en El Primer día. Pero un ex cualquiera, del mont n si así se le quiere ver.
Por ning n modo alguien como AMLO. Sabe, bien que sabe, representa uno de los momentos más brutalmente m gicos en un M xico que de por s lo es. Porque se sabe el personaje de la historia en que no puede, ni debe, ir a su rancho para dejar que pase la vida, y un día cualquiera solo sea la nota necrol gica en las redes benditas que tanto quiso, en los peri dicos, en la radio y la televisi n.
Sabe, bien que sabe, que eso queda reservado a los que simplemente vinieron a vivir, no a los que construyeron una eternidad, y la eternidad nunca termina bien, porque eso es asunto de oficinistas de la existencia.
así que no se ir porque lo mandaten las leyes de los mortales.
Se ir cuando se le pegue la gana, y más vale que lo sepan los que ya casi celebran su despedida, y ser cil que esos se vayan, a que quien el lunes entregar la banda presidencial, pero no la de los poderes reales, que est n reservados para quien conoce los conjuros que pueden activarlos.
Mil gracias, hasta el pr ximo lunes.
Correo: jeperalta@plazajuarez.mx
X: @JavierEPeralta
Rosario Castellanos y AMLO publish

