LAGUNA DE VOCES
Buena parte de todo lo que rodea a estas semanas en que termina el a o, tiene que ver con la posibilidad de aceptar que algo m gico debe existir en las festividades que convocan a buena parte de los habitantes del mundo, incluso a los que simplemente se presentan como no creyentes.
Alguien me dijo que los niños son los nicos que saben distinguir con absoluta certeza los peque os elementos que transforman la realidad rutinaria en algo nico, digno de que la historia se transforme de manera absoluta. Por eso son los principales invitados en las fiestasínavide as.
Ellos tienen la seguridad de que hay algo m gico en todos estos días y que resulta de una inutilidadíabsoluta dar explicaciones a las cosas que no lo tienen. Es decir que siempre es necesario empezar a creer que mucho de lo que nos rodea tiene como origen la voluntad del ser humano, de pensar que la perfección del universo no es fruto de la casualidad.
A todos nos anima mirarnos en los ojos de los niños que duermen tempraño para esperar la llegada del niño Dios, o de Santa, y ya en enero de los Reyes Magos. Nos anima porque es de importancia vital creeRío volver a creer, cuando la edad nos convirti en los que se cansaron de so ar.
Nos gusta mirar a los adultos que juegan el juego eterno de la vida alrededor de una pi ata, y se lanzan a ganar la fruta o lo que la olla de barro lleve en su barriga, porque no hay seres humanos más luminosos y llenos de vida, que aquellos que nos enseñan en los hechos que solo el coraz n de niños nos salvar de nosotros mismos.
Porque buena parte de los recuerdos de la infancia que nos reconfortan, tienen que ver con esa poca en que podíamos so ar a la menor provocación, y no solo so ar sino reconstruir el mundo entero, la realidad, a partir de la magia que guarda cada coraz n.
Cada a o fracasamos en la intención de construir lo que vimos y gozamos de peque os, y sucede porque no se puede edificar una etapa con los elementos que tiene el adulto, y que en muchos sentidos carece de la imaginación antes tan constante en los niños que fuimos.
Por eso la mejor posibilidad ser reconstruir a partir de mirar con esos ojos la fiesta que tanto amamos, y animarnos una vez más a pegarle a la pi ata, aventarnos a la caza de naranjas y ca as, y sobre todo a creer de nueva cuenta que hay algo más que m gico en la vida por la que caminamos.
La magia ser siempre el amor que tengamos por cada día, por cada uno de los seres humanos que junto a nosotros den sentido a esas 24 horas.
Por supuesto no es asunto ni ser nunca asunto de esta columna dar consejos sobre c mo vivir la vida, que de eso ya existen secciones completas en las librer as f sicas y en l nea. No.
Se trata de algo más simple: haga el prop sito de mirarse como el niño o ni a que fue. Le ser cil creer en la gente que lo rodea, amarla con todo el coraz n y ser muy feliz cualquiera que sea el resultado.
El nico prop sito que se tiene de niños es que las personas que amamos siempre sigan donde est n -pasados doce meses-, a nuestro lado, con los ojos que miran con magia el mundo. Y si en una de esas deciden irse, de todos modos, seguir n en ese otro espacio donde solo pueden asomarse los ojos inocentes, de los que han aceptado que puede haber tantas realidades como uno quiera.
Por eso traer de regreso a nuestro pecho el coraz n de niño es la tarea que tendremos de ahora en adelante.
Nada más por eso.
Mil gracias, hasta ma ana.
@JavierEPeralta
– Seamos realistas: so emos lo imposible publish


