PEDAZOS DE VIDA
La sopa instant nea se derram por el suelo, ah qued tras el incidente. En el lugar, una burbuja invisible de tensi n se abri paso, fue una bomba que rompi con la tranquilidad de comerciantes y transe ntes.
Minutos antes, en el puesto de comida r pida, El Grillos hab a pedido unos dorilocos y La Katy unos Doritos con esquites, El Grasitas se pidi su sopa Marucha con esquites y mollejas de pollo, la misma que ahora estaba en el suelo sin que hubiera podido ni probarla siquiera. De un momento a otro El Toro, de un manotazo le tumb el recipiente y con otro le acarici la cara.
Chulo que te ves, hijo de la chingada! Dijo El Toro con la caracter stica voz que tenía despu s de la operación que lo dej convertido en una contradicción, ya que nadie podía imaginar que en el cuerpo robusto de un hombre de más de un metro noventa, con la rudeza de expresiones corporales y con rostro de expresiones duras, habitara una voz quebrada que cada vez que sal a lo hac a parecer estar al borde del llanto.Y tras los manotazos y el cachetad n, empuj al Grasitas como provocando la ri a. El Grasitasíno era tan alto como El Toro, pero tambi n tenía lo suyo, su complexi n era obesa pero maciza, parec a de esos luchadores panzones pero corpulentos, sin embargo, no contestá la provocación.
En tanto, un c rculo de gente comenzaba a arremolinarse para ver cu ndo El Papitas a nombre del Toro mando a todos a la chingada Ahora qu se les perdi ?, pinche gente metiche! Esto es entre estos carnales, ustedes qu ven?! Y la gente comenz a transitar de nuevo, mientras El Toro y El Grasitas se ve an a la cara.
Es la ltima vez que te aviso, pinche gordo! O me pagas lo que me debes o ya sabes d nde te tendr n que ir a buscar , dijo el Toro mientras con su dedo ndice señalaba al culpable de su coraje. Hab an pasado tres meses desde que tenía que haber pagado la deuda de seis mil quinientos pesos y tras amenazarlo, se dio la vuelta para irse.Luego de unos minutos, la sopa instant nea junto con las menudencias de pollo se convirtieron en alimento para dos perros callejeros. Mientras El Grasitas y los otros regresaban del puesto con una sopa nueva. El Toro no tardar a en ajustar las cuentas.
Otra sopita publish


