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sábado, marzo 7, 2026

Vtres cuerpos desmembrados son abandonados cerca de la sede de fisca…

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PIDO LA PALABRA

La mayor parte de la gente caminamos para donde el viento nos empuja, sorteamos el temporal y procuramos sobrevivir con lo que el día nos va dando; nos quejamos, pero por lo general nuestra desdicha la acreditamos a las circunstancias, culpamos a los demás y se nos olvida hacer un an lisis de nuestros actos y el consecuente cumplimiento de nuestra responsabilidad; somos hijos del temporal, y la suerte es nuestra gu a; y no nos damos cuenta que precisamente es nuestra suerte la que necesita mucha ayuda para hacer su trabajo, y esa ayuda, nosotros somos los nicos que podemos proporcion rsela.

Levantar la voz, para muchos es impensable; la flojera, la apat a, el miedo y la ignorancia, si hacen su chamba: nos paralizan, nos impiden ir más all de lo que el día y nuestro escaso esfuerzo nos da; queremos sacarnos la loter a, a veces sin comprar el billete; rezamos para que ahora s la suerte voltee a vernos porque nos late que nos sacaremos el Melate; queremos trabajar y sentimos que merecemos que el trabajo nos lo deben ir a ofrecer hasta nuestra casa.

Quiz por ello nos hemos convertido en una población que gustamos de ser guiados; quiz por ello, algunos simples mortales -el tuerto en tierra de ciegos- son elevados a rango de mes as; se les adora, se les venera, casi al punto de dar la vida por el gu a moral.

Siempre me he preguntado qu es lo que hace que una persona sea seguida por multitudes; la respuesta no tiene nada de simple, si acaso, un com n denominador, el miedo de las masas; el temor a hacerse cargo de su propio destino; el miedo a vencer nuestro propio miedo; por ello las masas requieren que alguien , lo haga por ellos.

Pero es precisamente ese temor masificado el que le da la fuerza al l der, el que lo convierte en el mes as redentor, y l lo sabe, huele los miedos de la masa y los manipula, los usa a su favor; sabe que nadie osar levantar la voz en su contra, pues la falta de organización de las masas los convierte en materia f cil de controlar; pues si acaso hubiese alg n inconforme -que los hay por montones- pocos se atrever n a enfrentarse al l der, por el miedo de que nadie lo siga en contra del dictador, teme que lo dejen morir solo ; y ante esa perspectiva, decide quedarse callado, no actuar, permitiendo que los liderazgos mesi nicos se perpet en.

así pasa, así seguir pasando en tanto no nos sacudamos del marasmo en que nos tiene hundida nuestra indolencia; los mexicanos no somos cobardes, cuando menos no de origen; pero nuestra nobleza, nuestro exceso de nobleza ha sido trastocada por desertores de la democracia, demagogos que han convertido nuestra nobleza en su alimento visceral.

No hay miedo más irracional que el que es producto de la ignorancia, y en este caso, ignoramos que el mejor momento para vencer el miedo es asumi ndolo, enfrentarlo; y decirle a nuestro gu a que a partir de ese momento no es más el l der, sino solo un representante de las mayor as; tomar el control de nuestro futuro, no esperar por flojera o desidia, que otro lo resuelva por nosotros.

La vida que conocemos es solo sta, por ello, no la dejemos pasar en vano, dejar huella, trascender es parte de nuestro esquema; pero hasta nuestros días, los que se han dejado guiar solo han pasado a la historia como un soporte del que tom el destino de las masas en sus manos, y pocos o nadie se acuerda en particular, de alguno de sos que sirvieron de tapete a los l deres.

Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito est .

Tener miedo no sirve publish

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