RETRATOS HABLADOS
n hecho fundamental de los ltimos seis a os en M xico, es que su territorio fue transformado en un ring de box, en que fueron colocados, en un extremo los ricos-conservadores, y por lo tanto, corruptos; y en el otro los de pocos recursos-pueblo, por lo tanto honrado y sabio, con un rbitro que decidi hacer todo lo posible para provocar un odio que har a imposible, si no una reconciliación, cuando menos la posibilidad del di logo y no la pelea para dirimir conflictos.
Dividir a una sociedad es un consejo trillado en todos los manuales del poder, en el refranero de la pol tica, en el sentido com n. Pero pocos escribieron sobre las consecuencias para la mayor a, para quedarse siempre con la historia del triunfador , siempre en lo individual, no en lo colectivo.
M xico vive un momento complicado en esa materia, porque efectivamente, hay un odio de clases, que se observa cotidianamente en la rabia con que se atacan en las denominadas m ximas tribunas de la pol tica, que son las del Congreso federal, es decir de las C maras de Diputados y Senadores. Dejaron de ser simples adversarios, para ser enemigos, en todo el sentido de la palabra.
Y eso es grave, porque ninguna sociedad en su conjunto, puede avanzar, y si acaso lo har en los sectores que corresponden a una clase social.
De tal modo que es urgente un llamado a la reconciliación. No entre los grupos de porristas que se van con tal o cual político, sino entre la ciudadan a que decidi no seguir en el juego que los hac a part cipes, es decir parte, de un grupo, que solo podía ser el de los fif s-conservadores, o el de los que son encarnación del pueblo.
Y así no se puede ir a ninguna parte.
El odio conviene a los políticos, pero no al ciudadano.
Conviene a los intereses de quienes ans an el poder. No a los que todos los días trabajan por un mejor pa s, sin colores, sin pol tica de por medio.
La divisi n, la radicalización, la polarización, es parte de una estrategia de los que se obsesionan con el poder. Pero solo les conviene a ellos.
Es tiempo de apurar una pol tica real de reconciliación.
Porque divididos, odi ndonos unos a otros, no vamos a ir a ninguna parte.
Y dejar esa actitud de odio es asunto de los ciudadanos, no de los políticos, no de los que viven para el poder. Es de ciudadanos dejar de jugar el juego que les fue impuesto, que les fue inoculado como una mala enfermedad.
Si los políticos que se dicen hasta de lo que se van a morir, se gritan, se ofenden, en lasí ximas tribunas , que lo hagan, es su pobre visi n de la vida. Pero que no trasladen esas amargas existencias, al sentir de todos los ciudadanos, y observe que no us la palabra pueblo. El pueblo como tal no existe. Existen los ciudadanos, que se unen para buscar su bien com n. Y se unen todos, sin mediar los calificativos, las clasificaciones.
Y solo as , en la b squeda de un destino com n, de un bien com n, surge el pueblo, conformado por ciudadanos con rostro y nombre, no una masa sin rostro y sin nombre.
Es tiempo de impulsar una verdadera reconciliación de todos los mexicanos.
Mil gracias, hasta el pr ximo lunes.
Correo: jeperalta@plazajuarez.mx
X: @JavierEPeralta
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