EL PEQUEÑO TIMMY
Existe una vieja historia que cuentan los estudiantes de contaduría sobre el examen en el que al realizar un balance no cuadró, pero entre todos los alumnos, hubo uno que tuvo una ocurrencia, pegó con cinta adhesiva el faltante en el examen. La leyenda dice que el muchacho pasó el examen bajo el argumento de haber hecho lo que se hace en la vida real, “poner el dinero que falta cuando no cuadra el balance”.
La historia, en un inicio, suena inspiradora, suena de mucha inteligencia del alumno, suena a un caso de madurez y de responsabilidad, pero si se mira con un poco de frialdad, esa escena refleja una cadena de decisiones equivocadas. Comienza con un profesor que aprueba un examen sin que el alumno haya resuelto correctamente el problema. Ese acto transmite un mensaje pedagógico profundamente equivocado.
El problema no es que el alumno haya pagado el faltante; el verdadero problema es que esa conducta se presente como un ejemplo digno de imitar, porque al final del día el estudiante no tuvo la capacidad de resolver el problema y pagó por resolverlo, ahí comienza la normalización de una lógica en la que el dinero sustituye al conocimiento. Ahí está la enseñanza equivocada.
En este tipo de situaciones, con el uso de las matemáticas, las fórmulas y las ecuaciones necesarias se debe llegar a una solución correcta y comprobable, ya que al hacer las cuentas no puede faltar ni tampoco sobrar. La calidad de un producto debería ser directamente proporcional al precio que se paga por este, pero cuando se compra material más barato, se llevan a cabo procesos más económicos e incluso más lentos y se factura con precios muy altos, es un acto de corrupción.
Precisamente para evitar que las obras públicas dependan de ocurrencias y no de evidencia, Hidalgo cuenta con un Laboratorio Estatal de Control de Calidad y Análisis de Materiales en el que el gobierno gastó 32 millones de pesos, para que ninguna obra hecha sea de mala calidad y corresponda a todo el dineral que se “invierte” en cada obra pública.
Pero si la manera de pensar del estudiante resulta preocupante, lo es todavía más cuando aparece en quien tiene la responsabilidad de vigilar el correcto uso de los recursos públicos. Quizá para muchos sea algo sin importancia, un chiste, pero el mensaje que el contralor de Hidalgo replicó en su perfil de Facebook dejó mucho qué desear.
Cómo es posible que un Contralor del Estado de Hidalgo mezcle ovnis, invasiones extraterrestres y fechas de los campeonatos obtenidos por la selección argentina para intentar demostrar, mediante una ecuación improvisada, que volvería a ganar el Mundial de 2026.
Bueno, ya está, lo dejamos como un chiste. Pero si revisamos sus recientes columnas de opinión, en las que el funcionario público ha querido cuadrar que Pachuca dio origen a los Pachucos o que los Pachucos dieron origen a Pachuca… por la similitud de una palabra, ya vamos hacia algo más interesante.
El titular de la contraloría estatal dice que no es filólogo y que no pretende convertirse en uno a estas alturas de la vida, tampoco es historiador, y ese es el punto. ¿Para qué entrar en un terreno que corresponde a historiadores, cronistas y filólogos, disciplinas que llevan décadas estudiando el origen de la palabra Pachuca con base en fuentes y métodos específicos?
Relacionar el origen de dos palabras únicamente porque se parecen constituye lo que la lingüística conoce como una falacia etimológica: asumir un parentesco histórico sin demostrarlo documentalmente. No es una cuestión de opiniones, sino de método.
Ya que en este perfil nos gustan los castillos y los dragones, vale la pena recordar una coincidencia lingüística. En inglés, long significa «largo»; en chino mandarín, la palabra utilizada para «dragón» se romaniza como long. Comparten la misma escritura en el alfabeto latino, pero eso no significa que exista una relación entre ambas palabras. Sería absurdo sostener que el dragón en chino se llama long porque es “largo”. La coincidencia gráfica y fonética no constituye una prueba y de la misma forma, el parecido entre dos palabras no basta para construir una teoría sobre su origen.
Lo preocupante no es que quiera ajustar lo de los ovnis con la fallida victoria de Argentina en el campeonato concluido, ni que quiera encajar al Pachuco con Pachuca, sino ese problema que el funcionario público tiene con el pensamiento de querer ajustar todo, aunque no haya forma. Podríamos pensar que este tipo de actos en cualquier otra persona sería algo insignificante, no pasaría de una charla de borrachos en una cantina, pero para quien audita las cuentas de un gobierno estatal debería ser cosa seria.
Si vas a decir que Pachuco existió antes que Pachuca o que el primer Pachuco fue de Pachuca e incluso especular en que el Pachuco le dio el nombre a la capital hidalguense, hazlo con pruebas, con metodología, con precisión, como si fuera un balance, si vas a hablar de probabilidad para que una selección gane un mundial hazlo con seriedad, con números, con cuentas, sin ovnis, y si vas a sacar las cuentas de un estado como Hidalgo, hazlo de la misma forma, porque al final, la manera en que actuamos también refleja la forma en que pensamos.
Las cuentas públicas no se auditan con ocurrencias. La historia tampoco. En ambos casos hacen falta pruebas, método y rigor. Porque cuando alguien primero decide la conclusión y después acomoda los datos para sostenerla, deja de buscar la verdad. Y quien se acostumbra a pensar así difícilmente distinguirá entre una coincidencia y una evidencia.


