El breve espacio de los videojuegos

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Seguramente el primer videojuego que jugué fue una de las versiones de Snake 97, con el viejo Nokia que mi papá me prestaba de vez en cuando. Nunca me fue posible alcanzar el puntaje que mi primo pudo realizar en una sola ocasión que jugó, pero esa era la motivación para intentarlo una y otra vez.

Desde entonces rara vez me clavo en los videojuegos, pero cuando lo hago, procuro hacer un buen papel: acabar los niveles con un puntaje decente; terminar cada mundo disponible o juntar las suficientes monedas para darme “mis gustitos”.

Tuve que alejarme del Candy Crush cuando se volvió una verdadera obsesión y por mi paz mental lo desinstalé, pero era bueno, tanto que lo terminé más de 15 veces, pero como los niveles se actualizan cada semana, un día me fue imposible.

Hablando de ello, todavía resuena fuerte en mi cabeza aquella frase que un verdadero gamer me dijo cuando acabamos el CBTIs: “Los juegos para celular no te hacen gamer”. No estoy de acuerdo, y prueba de ello son las múltiples compañías que ya adaptaron sus productos para jugar en portátil.

De hecho, creo que esa percepción cambió cuando salió al mercado el “Nintendo Switch”, una de las consolas más increíbles que yo he visto (y eso que me tocó la época del Wii), porque combina la posibilidad de jugar con mucha gente y solo en una misma consola y en una cantidad insólita de tamaños de pantalla.

Porque de eso se tratan los videojuegos para mí, de unir, de formar comunidad. Daría lo que fuera por ver a mis primos frente a frente en una batalla tan genial y completa como las que recuerdo en el Nintendo 64 con el cartucho de “Super Smash Bros”, cada quien sabía qué personaje sería y cuál escogería el otro. Las luchas eran intensas, parejas y se definían por un pelito (no como la final del pasado mundial).

Hoy, esa gente ya tiene familia o un trabajo muy absorbente y aunque de vez en cuando se juntan para jugar, ya no es lo mismo. Pero al menos tengo su legado y los recuerdos, que algún día me servirán como impulso para jugar otra vez con mis amigos o hermanos.

La vida adulta nos robó el tiempo, pero no ha podido quitarme el deseo de volver a sentarme con control en mano para tratar de dar lo mejor de mí en Mario Party, aunque, como sucede a menudo, sea yo quien resulte ser el perdedor.

Nota: Como se pudieron dar cuenta, son un chico Nintendo, pero no desprecio las demás consolas, también tengo gratos recuerdos con Halo y Crash, que algún día contaré.

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