RETRATOS HABLADOS
A partir de este jueves 11 de junio, hasta el domingo 19 de julio, habrá de celebrarse la Vigésima Tercera Edición de la Copa Mundial de la FIFA 2026, que antes simplemente se conocía como Copa del Mundo, y se entendía que se refería al futbol, incluso sin agregar eso de soccer, porque en términos reales no existía otro deporte conocido en la totalidad del planeta, que no fuera el que incluye una pelota redonda, once jugadores de cada lado, y una pasión inusitada para empezar a creer que la selección del aficionado, por muy mala que sea, será quien gane la competencia.
La primera vez que se llevó a cabo, fue en Uruguay del 13 al 30 de julio de 1930, con la participación de 13 selecciones, que hoy serán 48, y a diferencia del principio de las cosas, cuando un solo país era la sede mundialista, esta ocasión serán tres: México, Estados Unidos y Canadá, con ingresos económicos de cuatro mil 200 millones de dólares, solo por la venta de derechos de transmisión de televisión para la FIFA, que quiere decir Federación Internacional de Fútbol Asociación, con sede en Zúrich, Suiza. Agregue otros 10 mil millones de dólares, por marketing y derechos, para estar ante la edición más lucrativa en la historia del evento que se repite cada cuatro años.
Es el único deporte que puede llamarse como tal: Copa del Mundo, porque si bien los gringos hacen su “Serie Mundial” de béisbol, o hacen creer que su “Futbol Americano” es comparable con el Soccer, bien que lo saben: no es cierto, y mucho menos con la supuesta ciencia y estrategia de las tacleadas y todo eso que se inventan para querer hacernos creer que, además de Disney, también son poseedores de esa “cultura”. No es cierto.
Lo que sí es cierto, es que el deporte que casi todos practicamos desde niños es, hoy por hoy, un negocio redondo y en manos de personajes no precisamente enamorados del sueño que despierta en mujeres y hombres de La Tierra. Los de “pantalón largo”, es decir los dueños reales de este espectáculo que también es el sueño de millones de personas, seguras que uno de sus hijos algún día será el jugador número uno; le decía, los empresarios de estos menesteres, le han quitado un mucho de la inocencia, y por lo tanto lado humano del fútbol.
Pero con y que sabemos lo que se teje en los laberintos no visibles del negocio, nos apasiona, nos llena hasta de espíritu patrio y por las semanas que dura, hasta que dejan fuera a nuestro seleccionado nacional, nos damos a la tarea de volver a desempolvar los recuerdos, las ilusiones, lo que fue un amor de a deveras por selección, y comprobar que, después de todo, todo es asunto que la miremos, nos mire, y digamos que sí, que nunca dejamos de creer en ella, y que ahora sí va que vuela para tener en sus manos la Copa del Mundo, la que siempre se había merecido.
En fin. Le comparto citas de escritores de México y el mundo sobre este deporte, único, despreciable a veces por sus dueños, pero alma nuestra de cada día, y me cae que ahora sí nos quedamos con la Copa:
«El juego se ha convertido en una industria de consumo, pero el fútbol sigue queriendo ser la fiesta que contiene la alegría de jugar por el juego mismo y la libertad de la fantasía. En su expresión más pura, es un arte del imprevisto donde lo imposible se vuelve posible», Eduardo Galeano, Uruguay, en El fútbol a sol y sombra.
«Hay hombres que cambian de mujer, de partido político o de religión, pero no cambian de equipo de fútbol. Ese sentido de pertenencia, esa fidelidad incondicional a unos colores, es una de las pocas certezas sagradas que van quedando en un mundo cada vez más fluido», Eduardo Sacheri, Argentina, en Esperándolo a Tito y otros cuentos de fútbol.
«A los once años yo quería ser futbolista profesional, pero me di cuenta de que el balón no me obedecía como yo quería. Entonces descubrí que las palabras eran más dóciles, que se dejaban llevar a donde yo quería, y cambié la cancha por la página en blanco», Gabriel García Márquez, Colombia, en una de sus crónicas periodísticas sobre el Junior de Barranquilla.
«El fútbol es la recuperación de la infancia a través de un rito colectivo. El estadio se convierte en un territorio sagrado donde los adultos tienen permiso de volver a ser niños, de llorar por un gol perdido y de abrazar a un desconocido como si fuera su hermano», Juan Villoro, México, en Dios es redondo.
«El juego de pelota en México no es una simple diversión importada, es un eco de nuestro pasado prehispánico. El balón rueda sobre el césped con la misma fascinación trágica con la que los antiguos veían el movimiento del sol; un juego donde se arriesga el honor», Carlos Fuentes, en sus ensayos sobre la cultura popular mexicana.
«Todo lo que sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol. En la portería aprendí que la pelota nunca viene por donde uno la espera, y esa es la primera y más grande lección que te da la vida», Albert Camus, Francia, filósofo y premio Nobel que fue guardameta en su juventud.
«El fútbol es un espejo del mundo actual: es veloz, es dramático, está lleno de injusticias y, a veces, de una belleza inexplicable. Quien diga que el fútbol es solo un negocio o veintiún hombres corriendo tras una pelota, no entiende nada de la naturaleza humana», Umberto Eco, Italia, en sus crónicas sobre la cultura de masas.
Mil gracias, hasta mañana.




