Hacer política… no cualquiera
En estos tiempos, en que no pocos confunden el ejercicio de la política, y por lo tanto del poder, con la sumatoria de seguidores o “me gusta” en las redes sociales, resulta de vital importancia destacar que es una tarea que necesita, o que lleva implícita, la experiencia, la cual, por supuesto, no se mide solo en la cantidad de años vividos, sino en la de tipo mental.
El populista a ultranza está seguro de que con una mayor aprobación de la “gente”, manifestada en plataformas de internet, y con bastante regularidad formada por personas sin rostro, tiene ganada la partida, y por lo tanto es amado o amada, incluso idolatrado o idolatrada.
Un apoyo sin rostro, o fruto de presiones para poner el pulgar arriba, solo puede ser considerado parte de un juego perverso en el que nadie puede confiar, mucho menos quien ejerce el poder, y tampoco el que hace clic en la computadora o el celular.
La experiencia reprueba, detiene ese tipo de acciones, porque quien la posee actúa con simple sentido común, y eso, en no pocas ocasiones, es lo que falta entre los políticos.
Es así que tener en cargos fundamentales, como el de gobernador de Hidalgo, a un jurista de amplísima trayectoria en diferentes áreas de poder, ha permitido una administración sin sobresaltos innecesarios, sin crisis producto del arrebato o la soberbia, que con tanta frecuencia afecta a los que son novatos en estas lides.
Cierto, es vital que los políticos jóvenes asuman responsabilidades, pero de ningún modo pueden asumir la actitud que solo da el paso de los años, el trabajo cotidiano y constante, los resbalones propios del camino, y, por sobre todas las cosas, la humildad sincera y honesta que proporciona la visión tranquila, ajena a poses inútiles, de quien ha transitado un largo, larguísimo camino.




