Las tareas que nadie quiso hacer, porque no dan renta política
La administración del gobernador, Julio Menchaca Salazar, enfiló sus baterías desde el principio de su gestión a una tarea fundamental: hacer las obras que siempre ha exigido la ciudadanía, las instalaciones que sin duda merecen los trabajadores al servicio del gobierno de Hidalgo, y no caer en la tentación de las que dan mucha renta política, pero que a la postre resultan no pocas veces inútiles, sino que implican más presupuesto a fin de corregir los errores que se cometieron en su construcción.
A veces, o casi siempre, se habla poco de que cambiaron toda la red de agua y drenaje en una colonia, y posteriormente se realizó la colocación de una nueva carpeta de cemento hidráulico, porque no son obras de lucimiento, pero son vitales.
Lo mismo con los caminos vecinales en las zonas rurales, y la introducción de agua potable a comunidades que habían decidido aceptar que nunca contarían con el servicio, “porque así es”.
A un gobernante lo puede definir un carácter explosivo que regularmente va de la mano con la ambición por escalar a cargos de más nivel, sin haber cumplido con el encargo que tiene en sus manos. Pero también lo puede define un carácter que le permite escuchar, comprender y tomar determinaciones, alejadas del interés político.
Menchaca Salazar decidió que en tiempos que el estilo desbocado y casi retador con todo mundo, definen a no pocos mandatarios del país, lo más atinado era simplemente mantener su estilo de hacer las cosas, en el que la única posibilidad de hacer política es con el cumplimiento de los compromisos que realizó de frente a la ciudadanía.
Puede que no sea lo más indicado en las estrategias de la popularidad, pero al final, cuando el habitante de una colonia descubre que por fin fueron atendidas sus demandas de muchos años, y que no son ni puentes escandalosos, ni obras de relumbrón, está cierto que no le han fallado, que esas obras sí, se quedarán ahí enterradas, pero le servirán no solo al que ahí vive, sino a sus futuras generaciones.
La rentabilidad política se puede ganar fácil a través del camino que no pocos han tomado, pero el agradecimiento real de la ciudadanía, solo es viable a través de un trabajo alejado del show carnavalesco en que algunos convirtieron el ejercicio del poder.




