SAKA METE AL ARSENAL EN SU SEGUNDA FINAL DE LA LIGA DE CAMPEONES

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Un gol de Bukayo Saka al borde del descanso le bastó al Arsenal para ganar este martes por 1-0 al Atlético de Madrid y meterse por segunda vez en su historia, veinte años después de la primera, en la final de la Liga de Campeones, en la que el equipo londinense tratará de ganar su primera Copa de Europa.

Los Gunners vuelven al último partido de la Champions tras la perdida en 2006 ante el Barcelona en el Stade de France de Saint-Denis. El Atlético de Madrid se queda a las puertas de otra final. 

Esta vez fue el Arsenal el que se vistió de ogro para arruinar otra temporada europea al equipo español. El Dios del fútbol sigue negando su ‘Orejona’ al entrenador argentino Diego Simeone, pese a que pocos entrenadores lo han intentado con tanto ahínco.

Era lícito preguntarse si sobre el césped del Emirates estaban este martes los dos mejores equipos que nunca han ganado una Champions. Al Arsenal se la quitó un error de Jens Lehmann en París, al Atlético Sergio Ramos y los penaltis de Milán. Iba a ser un partido de no cometer errores, de miedo a perder y de mucho vértigo a ganar. Y los futbolistas lo sabían. 

La tensión se palpaba entre los gritos de «¡Arsenal!», los insultos al ‘Cholo’ de la afición inglesa y los incansables cánticos de los rojiblancos. Era una oportunidad histórica para ambos equipos y un detalle decidió el encuentro. El Atlético no definió las dos ocasiones de la primera mitad, una en los pies de Julián Álvarez y otra de Giuliano Simeone, y lo pagó muy caro.

Ninguna fue clarísima ni imperdonable, pero en este escenario hay que marcar todo lo que se acerque al área. El Arsenal lo entendió. No necesitó arrollar ni disparar a puerta hasta el minuto 44 para sentirse superior. No juega a maniatar ni a dominar este equipo, juega a ganar.

En el ocaso de la primera parte, un error en las marcas permitió que Leandro Trossard rematara con espacio en el segundo palo. Oblak obró el milagro, su mano abajo sacó la pelota, pero Saka, en posición reglamentaria, se adelantó a los centrales y empujó el 1-0. El Emirates explotó. No se lo podía creer, su moneda salía cara. 

El descanso enfrío los ánimos. El Atlético cambiaba el plan, era necesario atacar. Empezó a tener más balón, a estirar el campo y a encontrar un resquicio, hasta que la eliminatoria se le esfumó en otro detalle. Esta vez sí fue imperdonable.

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