En toda su historia, ni el Arsenal ni el Atlético de Madrid han dominado la Liga de Campeones, tan descorazonadora tantas veces para el equipo de Diego Simeone, pero también tan anhelada siempre, por la que insiste de nuevo ante un desafío total que conduce al ganador a la final de Budapest después del 1-1 de la ida.
El estadio Emirates emerge decisivo e imponente. También la firmeza local de los ‘Gunners’, sus 22 victorias en 28 duelos en casa en este curso, sus únicas dos derrotas, sus diez goles nada más en contra bajo el influjo de su público, sus 1.209 millones de euros de valor de mercado de su plantilla o su incontestable capacidad, pero también la rebeldía, la fuerza, la competitividad y el talento de este Atlético, que ya lo redujo hace una semana, cuando lo puso contra las cuerdas, pero le faltó pegada para llegar por delante a Londres.
El Atlético aspira a la cuarta final de la Copa de Europa de su historia, la tercera con Simeone. A nadie le costó tanto ser campeón. Ni nadie, quizá, lo sufrió tanto. Las derrotas de 1974, 2014 y 2016 rememoran el dolor, pero también alimentan la pasión y la ambición del equipo, el club y el hincha.
Es el título que le falta al Atlético y a Simeone, que tiene ante sí el más difícil todavía. El 1-1 de la ida, escaso para los méritos de su equipo en la segunda parte, concentra la resolución del duelo en un único partido lejos del Metropolitano, pendiente de Julián Alvarez -su mejor goleador, con diez goles en esta edición-, Giuliano Simeone y Alexander Sorloth, tras las lesiones de la ida, y con el recuerdo del 4-0 del 21 de octubre allí. Los tres se ejercitaron este lunes con el grupo.
A la espera de si ‘La Araña’ forma parte del once al lado de Antoine Griezmann o aguarda en el banquillo por la torcedura y la inflamación del tobillo de la ida, el Atlético compite contra todo en Londres: contra los percances físicos.




