Supercut

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LA RULETA

“…Because ours are the moments I play in the dark,

We were wild and fluorescent, come home to my heart…”

Supercut – Lorde

El supercut es el lugar donde vive la persona que pudimos ser, en la vida que nunca tuvimos. Amar a una mujer salvaje y fluorescente. 

La casa huele a café.
Ese aroma es perfecto, en un día perfecto, en una vida perfecta.

Ella lo sirve sin prisa. Aquí el tiempo pasa lento. Siempre alcanza.

“Buenos días”, le dice él, rozando sus labios.

Francisco.

Francisco: un esposo por naturaleza. Sonrisa amable, caballeroso, protector, trabajador, hogareño.

Se sientan juntos. Él revisa su agenda. Ella acomoda el plato del niño, que corre por la sala como si alguien lo persiguiera: juega, grita, ríe. La bebé balbucea desde su silla, golpeando la mesa con una cuchara.

Todo está en su lugar.

La luz de la mañana se cuela entre las cortinas blancas e ilumina la casa. Hay fotos en la pared: viajes, cumpleaños, la boda sencilla, los abuelos, las tías. Fotos de ellos dos, de ellos tres, de ellos cuatro. Incluso del perro, un labrador juguetón, ahora rendido en el sofá.

“¿Hoy llegas temprano?”, pregunta ella.

“Siempre”, responde él, con una sonrisa suave.

Ella le cree.

Porque él siempre llega.

La besa antes de salir. No hay prisa. Se despide de los niños. Promete regresar.

Cuando la puerta se cierra, ella se queda quieta. Mira la casa. Su casa. Su vida.

Sebastián la jala de la mano para enseñarle un dibujo. La bebé comienza a llorar. Ella se inclina y los abraza a los dos.

Y por un instante, todo es tan perfecto.

Entonces, el sonido.

Un golpe seco.

La imagen tiembla.

Otro golpe.

Y todo se desacomoda.

El café desaparece. La luz se apaga. Las plantas ya no están.

Abre los ojos.

El azulejo frío en la espalda.
El espejo frente a ella.
El labio abierto.
El ojo inflamado.

Respira hondo, pero el aire no alcanza.

La bebé llora.

El niño golpea la puerta del baño.

“Mamá… la bebé… abre”.

No.

En esta historia no hay Francisco.

Nunca lo hubo.

Fue el otro.

El simpático. El que la miró como si la necesitara. El que hablaba fuerte, reía fuerte, vivía con prisa. El que cargaba una historia que ella confundió con carácter.

Padre alcohólico. Madre ausente. Golpes que aprendió a repetir.

Ella creyó que el amor lo cambiaría.
Que su amor bastaba.
Que quedarse era salvarlo.

Frente al espejo, se limpia. Se busca.

Pero no se encuentra.

Busca esa otra vida.

La del desayuno. La del beso. La de Francisco.

¿Cómo se extraña algo que nunca existió?
¿Cómo se busca algo que nunca estuvo?

Un montaje perfecto de todo lo que no fue.

Fragmentos de una posibilidad que su mente edita una y otra vez, intentando darle sentido a lo que sí es.

Mamá…

La voz del niño la rompe.

Se limpia como puede. Abre la puerta.

Sebastián la abraza.
Papá ya se fue.
La bebé sigue llorando.

La casa no está en silencio.

No está en paz.

Cierra los ojos un segundo.

Y entonces llegan los verdaderos recuerdos.

No hay boda.
No hay Francisco.
No hay vida perfecta.

La primera bofetada… y las flores después.
Cuando lo dejó… y él le llevó serenata.
Cuando lo perdonó.
Cuando volvió.
Cuando le tiró la comida porque estaba salada.
Cuando la golpeó estando embarazada.

Hay miedo.

Hay dos hijos.

Y hay un supercut.

DULCE AZUCENA CAMPOS ZAVALA

CREADORA DE CONTENIDO DIGITAL. ENTRE 2018 Y 2022, IMPULSÓ LA AGENDA DE GÉNERO DESDE LA SECRETARÍA DE MUJERES DE MÁS POR HIDALGO. ACTIVISTA Y LUCHADORA SOCIAL. PACHUQUEÑA DE NACIMIENTO, CON RAÍCES HUASTECAS Y SERRANAS. DISIDENTE POLÍTICA Y RELIGIOSA. ESCRITORA POR PASIÓN, FEMINISTA POR DEUDA; DE IZQUIERDA POR CONVICCIÓN, TRABAJADORA POR NECESIDAD; MADRE POR ELECCIÓN; ESTUDIANTE DE DERECHO CON EL CORAZÓN AÚN EN LA CIENCIA POLÍTICA.

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