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Llegó temerosa con su maleta colgada del hombro, su celular y cartera en la mano, y volteando para todos lados, como revisando si alguien la estuviera siguiendo o viendo con malicia.

Entró por la sala dos y se dispuso a buscar el andén 31, punto de partida del autobús que la llevaría a su destino, uno que no fue producto de su iniciativa, sino de una orden directa y precisa.

Al llegar al lugar de la salida para el viaje, no le permitieron subir, la unidad estaba llena, y su temor incrementó, pero disminuyó a los pocos minutos, tras escuchar que en 10 minutos llegaría otro transporte.

Esperó un poco más calmada, se entretuvo con su celular viendo videos y al levantar la mirada otro autobús ya estaba estacionado, y subió inmediatamente para poder encontrar lugar, previamente depositó su maleta en el maletero.

Una vez en su asiento, seguía volteando para todos lados, sentía que todos la observaban, se aferró a su celular y cartera, e intentó empezar con ejercicios de respiración para calmar esa ansiedad.

A mitad del viaje, le indicaron el lugar en donde debería bajar, y el temor regresó, desconocía dónde era y cómo debía hacerle para señalar su bajada, y mientras pensaba recordó que no recibió etiqueta para solicitar la maleta, y el miedo aumentó súbitamente al pensar que se la podían robar.

No tardó mucho en llegar al lugar señalado, para su suerte un pasajero gritó su bajada justo en donde le habían indicado, así que solo espero a que caminara a la puerta del autobús para seguirlo.

Bajó del autobús, primer respiro, recogió la maleta, seguía ahí, segundo respiro y al voltear ya la esperaban, tercer respiro; fue su primera experiencia sola en autobús, y la superó, con nervios, con miedo, con dudas, pero sintió la satisfacción por haberlo logrado.

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